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¿POSITIVO O NEGATIVO?

Por Melisa Spurrier

En general, al escuchar la palabra “aprendizaje” la ligamos al ámbito escolar.  Sin embargo, el aprendizaje ocurre en todos lados: nuestra casa, en la calle, en la iglesia, y quienes la promueven son muchos: nuestros padres, el televisor, el Internet, los profesores, los chóferes, los amigos, el sacerdote, etc. 

Pues el aprender no ocurre solo cuando adquirimos conocimientos nuevos, sino siempre que modificamos nuestras ideas, creencias y en consecuencia nuestra conducta,  al relacionarnos con el entorno.   

A veces este aprendizaje es positivo: nos proporciona herramientas para comprender y tomar decisiones de una manera más acertada; nos hace mejores seres humanos.  

Sin embargo, a veces es negativo: como cuando llegamos a pensar que el más inteligente es el que hace más dinero en poco tiempo, escaso esfuerzo y sin cumplir las leyes.  Cuando llegamos a creer que conseguiremos la pareja ideal, acortando cada vez más la ropa, y de marca, por supuesto.  Cuando llegamos a pensar que para pertenecer a un grupo debemos gastar más de lo que ganamos, para aparentar lo bien que nos va.  Si lo que estamos aprendiendo nos lleva a actuar positivamente, bienvenido sea.

De lo contrario, debemos empezar a cuestionarnos: ¿Por qué actuamos así?  ¿Es esto lo que queremos? ¿Existen personas que nos están llevando a pensar esto?  El entorno contribuye a moldear nuestros aprendizajes, la decisión de cómo nos relacionamos a ese entorno la tomamos nosotros.



 

 






 

 

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