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Prejuicios
Por MELISA SPURRIER
Todos tenemos prejuicios y los educadores no están libres de ellos. Por esto, deben de tener cuidado que sus prejuicios no afecten cómo enseñan y evalúan a sus alumnos.
Existen prejuicios por conocimientos previos construidos en base a comentarios de otros docentes o experiencias propias con familiares de ciertos estudiantes. Por ejemplo, si en los años anteriores ha dado clase a dos estudiantes apellidados Pérez, con indisciplina recurrente, cuando llega el tercero podría estar tentado a exclamar: “Oh no, otro Pérez”, sin dejar al chico demostrar su verdadera habilidad. Otro prejuicio ocurre por primeras impresiones, que impactan las siguientes percepciones. Por ejemplo, si un estudiante tendía a estudiar poco el año anterior, el maestro podría suponer que él o ella va a desempeñarse de la misma manera el año siguiente, cuando no necesariamente es así.
Los prejuicios por teorías personales también pueden llevar al maestro a formar percepciones estereotipadas. Por ejemplo pensar que “Las niñas no se desempeñan bien en matemáticas” o que “Todos los jóvenes de cierto barrio se sienten superiores al resto” puede afectar la forma como se relaciona con ellos y aborda su enseñanza.
Con esto no se quiere decir que los prejuicios sean siempre errados, pues muchas veces coinciden con la realidad. Sin embargo, hay que estar conscientes de ellos para no dejar que afecten su rol de docente y el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus estudiantes.