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LA RECESIÓN Y ECUADOR
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
"Las políticas desacertadas constituyen mayor peligro para la economía, que la crisis internacional."
La evidencia cada vez es mayor que la economía mundial estaría en recesión. George Soros considera que se trata de la crisis financiera más profunda desde la caída de la bolsa en 1929.
El hombre más rico del mundo, Warren Buffett, quien ha hecho su fortuna en la bolsa, opina que la economía de los EE.UU. ha entrado en recesión aunque los indicadores tradicionales aún no lo muestran, y estima que va a ser más profunda de lo anticipado.
Esta situación ha generado temores en el país al respecto de las consecuencias de la crisis mundial para el Ecuador. Pero parecería que el impacto de una recesión profunda sería menos fuerte sobre la economía nacional que en ocasiones anteriores.
La crisis nos encuentra con un superávit fiscal producto del alto precio del petróleo. Unido a eso está el que el país no ha necesitado crédito externo desde que se restructuró la deuda pública y se permitió la construcción del OCP.
En anteriores ocasiones, 1982-83 y 1998-99, el Ecuador requería permanentemente de nuevos préstamos para atender los vencimientos. Últimamente la deuda se reduce de manera paulatina ya que los desembolsos son menores a la amortización.
El Ministro de Finanzas ha resaltado oportunamente que el país tiene un fuerte colchón fiscal, y que hay por lo menos $2 mil millones disponibles para enfrentar cualquier crisis.
Tampoco dependemos de la inversión extranjera, que se ha secado en el último año; incluso hubo desinversión en el último trimestre de 2007.
Vinculado a esto se encuentra que el precio de nuestro principal rubro de exportación, el petróleo, se mantiene, aunque la economía mundial ya estaría afectada. El anuncio será posterior a los hechos: cuando muestre dos trimestres consecutivos de contracción. Si bien no está dicha la última palabra, no se prevé que caiga de una manera pronunciada el precio del petróleo o de otras materias primas. De suceder, sería causa de preocupación.
Puede haber un debilitamiento del mercado para los productos de exportación no petroleros, como flores, banano, camarón, atún. Pero partimos de una posición en que nuestra moneda, el dólar, se ha depreciado tanto frente al euro, la moneda de uno de nuestros mercados principales, como a las de algunos competidores, como es el caso de Colombia para las flores y el banano.
Que desperdiciemos esa ventaja cambiaria vía políticas económicas que desalienten el empleo o establezcan un precio político exageradamente alto para el banano, ya no es atribuible a la coyuntura internacional.
Son las inoportunas políticas públicas potenciales el talón de Aquiles de la situación actual: que la bonanza fiscal y la debilidad de la moneda nos lleven a poner más trabas administrativas a las exportaciones, aumentar los subsidios, pasar el beneficio de la depreciación a sueldos y no a empleo. Luego, con la salida de la crisis, si viene acompañada por una revalorización del dólar, el país se encuentre con una estructura de costos demasiado alta, la misma que, por la dolarización, no sería susceptible de dársele marcha atrás. Podríamos entrar en crisis, cuando otros salgan de ella.
Es mejor prevenir que lamentar.