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ROLDÓS Y CORREA

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"El propio Presidente se creó una imagen extremista de la que hoy se quiere deshacer."

En la entrevista del jueves en Ecuavisa, el Presidente se esforzó por calmar ansiedades respecto a su gobierno.

Recordó que al binomio Roldós-Hurtado se lo tildó de comunista en el año 79; que las disposiciones previstas en la nueva Constitución al respecto de la función social de la propiedad, ya existen en la actual, y según su interpretación, es aplicable sólo a tierras ociosas. Que no hay que apresurarse a impugnar textos aún no aprobados de la nueva Constitución.

Su mensaje es que hay una campaña para asustar al electorado, la misma que no tiene fundamento alguno.

La situación hoy difiere de la de 1978-79.

Jaime Roldós era una figura política con varios años de trayectoria, como lo era su partido, el CFP. Osvaldo Hurtado lideraba la Democracia Cristiana, partido de una ideología muy conocida, e integrante de una respetable internacional. El binomio ganador nunca se planteó desconocer la legitimidad del Congreso, recurrir a fuerzas de choque para intimidar a sus adversarios, ni proclamó tesis radicales.

En aquel entonces, en mi columna escribí que tildar a Roldós y Hurtado de comunistas, era ignorancia.

En 2007 y 2008 es el propio Presidente Correa quien erigió al “socialismo del siglo XXI” en ideología oficial, en circunstancias que el contenido que le da el inventor del término es esencialmente el marxismo de siempre, pero ejecutado a través de la cibernética y el Internet.

A ese socialismo del siglo XXI ya no se lo escucha tanto en los pronunciamientos oficiales. Pero ha sido reemplazado, más en la Asamblea que en el gobierno, por una ideología incluso más radical.

Hay conceptos claves en los documentos que se preparan para la Constitución que conforman un tipo de sociedad radicalmente distinta a la de hoy.

Se le resta legitimidad al trabajo que tiene como objetivo mejorar la situación económica personal. A esto se lo considera egoísmo.

Los textos en tapete buscan organizar la sociedad en función de la solidaridad, que contraponen al “egoísmo”, y de ahí que se propone distribuir “equitativa y solidariamente” los beneficios de la producción; se deslegitimiza que alguien obtenga más ingresos que otro, como premio a su esfuerzo.

¿Que esto desmotivaría al espíritu empresarial? Pero de eso mismo se trata: “sustentable” en el contexto de la Constitución no es como lo usa el Banco Mundial, de asegurarse que la producción no cause daños irreversibles al medio ambiente, sino la conservación prístina de la naturaleza. Significa propender al abandono del sistema industrial de producción. El ecologismo llevado a sus últimas consecuencias así lo propone.

Una cosa es la Constitución y otra las leyes, se dirá. Pero la mayoría asambleísta pasará leyes que den vigencia los principios constantes en la Constitución.

En la entrevista del jueves, se atisba un tibio re-direccionamiento del discurso presidencial por cauces más pragmáticos. Si esta posición del Presidente significa que en efecto su gobierno impulsará el cambio social pero sin incurrir en la violación de derechos de propiedad ni apartarse de la economía de mercado, bienvenida sea. Pero deberá ofrecer más evidencias. Una golondrina no hace verano.

 

 

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