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EURO EN APUROS

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"La crisis europea alerta sobre los problemas de una moneda común entre economías que compiten entre sí."

La crisis financiera internacional que superó su momento más crítico el año pasado, surgió en los Estados Unidos, motivada por la proliferación del crédito en instrumentos estructurados; el mundo se contagió. Hoy, hay una crisis en Europa a partir de la virtual insolvencia de Grecia. Hay el peligro que asimismo se torne global.

¿Grecia? Es compresible el escepticismo. El PIB de Grecia es similar al de Argentina. ¿Cómo va a amenazar una crisis global?

La Unión Europea y el FMI acordaron el 7 de mayo una paquete de ayuda por USD 140 millardos, aproximadamente el 40 por ciento del PIB de Grecia. Pero una semana después el paquete de ayuda se amplió a otros miembros de la UE, y alcanzó USD 950 millardos.

El problema se lo enuncia como fiscal; es para ayudar a países sobre-endeudados, y la contrapartida es que Grecia, y los otros que requieran ayuda, deberán tomar medidas de ajuste.

Pero el meollo del asunto es otro: la moneda común. La adopción del euro incidió en la reducción del riesgo país de Grecia, Irlanda, España y Portugal, acercándolo al de Alemania y Francia. Bajó la tasa de interés e ingresaron capitales. Los países de menor desarrollo de la UE acortaron diferencias con los más avanzados.

Pero mientras que por una parte Alemania mantiene austeridad fiscal e incrementa la productividad, Grecia y otros optaron por la reforma social, ampliando los servicios estatales y reduciendo jornadas de trabajo, entre otras cosas.

Esas diferencias entre países resultan en que unos pierden competitividad frente a otros. Los menos competitivos, en primera instancia, incrementan el proteccionismo. Cuando eso no basta, buscan recobrarlo vía devaluación, que no es más que una reducción de sueldos, pensiones, precios, en comparación a los vigentes en otros países.

Los miembros de la UE constituyen un mercado común sin barreras internas, y comparten una moneda: no pueden ni instaurar cortapisas al comercio, ni devaluar. A los actuales niveles de precio y productividad, Grecia, Portugal, España y otros no pueden competir con Alemania. Para recuperar competitividad deberán reducir sueldos (o aumentar horas de trabajo), cortar empleos; pasar por una dura deflación multianual.

No hay posibilidad real que estos países se tornen teutónicos en su disciplina. La solución que propone Francia es que los países cedan a Bruselas gran parte de su soberanía en políticas públicas. Alemania teme que una convergencia de esa índole induzca un manejo económico más dispendioso, como el que prima en otros países, y se opone.

De aquí a dos años, ¿continuarán en el euro todos los países que lo adoptaron? El pronóstico es reservado.

La lección que deja la actual crisis europea es que mejor se meta en el congelador la propuesta de marchar hacia una moneda común sudamericana.

 

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