En el Análisis

 

Para acceder a Análisis Semanal, ingrese su usuario y clave.

Si no tiene una clave suscríbase ahora.

Usuario

Clave


¿Olvidó su clave? Haga click aquí.




Solicitud de Clave

 

40 AÑOS DE PETRÓLEO

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"La decisión del gobierno si ampliar o no la frontera petrolera marcará los próximos 40 años."

Cuando me enteré, abril de 1967, me encontraba en la universidad norteamericana de UCLA sacando mi maestría: era el gobierno de Otto Arosemena, y se había encontrado petróleo.

Se me tornó evidente que al país que regresaba, y en el que me iba a tocar desempeñarme como adulto, iba a ser totalmente distinto al que dejé como adolescente.

A fines de los 60, al Oriente se lo veía como un territorio inmenso e ignoto, a pesar que se había reducido drásticamente porque los vecinos se lo anexaban vía colonización y explotación económica, lo que nosotros no habíamos hecho, algo de lo que nos lamentábamos.

Había poca conciencia ecológica y ninguna sensibilidad cultural hacia los “jíbaros”. Alguna vez se pensó explotarlo agrícolamente, pero Galo Plaza explicó que “el Oriente era un mito”.

Se dejó hacer a Texaco-Gulf, para que saque el petróleo lo más rápido posible.

A mi regreso, a principios de 1969, aún no brotaba el petróleo, y encontré desinformación: no había precisiones sobre lo que la riqueza petrolera le iba a significar al país. Ese vacío me absorbió, y de ahí nació mi actividad de analista y comunicador social.

El primer gran auge en la exploración tuvo un frenazo, cuando el gobierno militar que subió en 1972 buscó poner orden y mejorar las rentas para el Estado. Bajo las nuevas condiciones, muchas empresas abandonaron la búsqueda de crudo porque dejó de ser rentable.

Ya se habían ido, para cuando el segundo impulso en los precios del petróleo, a fines de los 70.

En estos 35 años de explotación, los que favorecen la inversión privada y los que preconizan el estatismo, se neutralizaron los unos a los otros: se adopta una legislación estatizante, pero a Petroecuador nunca se le permite retener los fondos que necesita para invertir; se habla de apertura a la inversión privada, pero toda licitación termina en fracaso.

En este tercio de siglo, hemos explotado inmisericordemente los campos que descubrió Texaco-Gulf, que revirtieron al Estado. No hemos reinvertido lo que se requería para sacarles el máximo provecho, y hoy declinan aceleradamente, requiriendo una fuerte inversión sólo para mantener la producción: ni hablar de recuperación.

Hay más petróleo, pero alejado de las áreas petroleras tradicionales: tanto el campo ITT, el mayor campo con reservas probadas en el país, en el extremo nororiente, como en el suroriente, aún insuficientemente explorado.

El poder lo ejercen hoy los que favorecen la explotación petrolera por el Estado, contrarios a la inversión privada; y que a su vez favorecen la conservación ecológica y cultural por sobre la explotación de recursos naturales.

Por lo que el debate dentro del gobierno es hoy si se saca el petróleo o si se lo deja bajo tierra. Y si se opta por la explotación, cómo hacerlo minimizando el impacto ecológico.

Muchos de los que hoy comparten el poder consideran que el costo ambiental es inaceptable. Otros, que la necesidad de tener nuevos ingresos es ineludible.

Éste es el gran debate que se está librando, y que el gobierno deberá resolver de manera inmediata, en uno u otro sentido. Decisión que marcará la historia petrolera del país en los siguientes 40 años.


 

Diseño web Citric Studio