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LAGOS EN QUITO
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
El presidente Lagos en Quito tuvo palabras de aliento para el país, felicitándolo por la conformación de la Corte Suprema, comprometió inversión de la empresa estatal chilena de petróleos, y la compra de crudo al Ecuador, para ayudar a equilibrar la balanza comercial.
Chile, país abierto al mundo, que no protege ni a agricultura ni a industria, en 2004 nos vendió USD 378 millones de productos de los más diversos; el Ecuador le vendió USD 123 millones, de los cuales USD 50,5 millones en petróleo. Si excluimos el crudo, la relación de comercio es desfavorable cinco a uno.
Hoy Chile exporta capitales: tiene inversiones importantes en Perú y Argentina; no así en el Ecuador, y como amigablemente observó el Embajador Haddad, se debe a la falta de seguridad jurídica.
¡Cuán divergentes han sido los caminos recorridos por estos dos países en los últimos treinta años!
En 1973, Chile llevaba tres años procurando afanosamente convertirse en el segundo país comunista de América; Ricardo Lagos había sido designado Embajador en Moscú. Muchos chilenos optaron por radicarse en el Ecuador. Luego vino una dictadura cruel y violenta pero a su vez revolucionaria en lo económico; más chilenos vienen al Ecuador.
Hace veinte años, el Ecuador tenía un PIB per capita de USD 1 307; en 2004, de USD 2 325, un aumento anual de 3,1 por ciento, sin descontar el efecto de la inflación. Chile tenía en 1985 un PIB per capita de USD 1 362, comparable al del Ecuador, y el año pasado fue de USD 5 838, más del doble que el nuestro, con un crecimiento promedio anual de 8,0 por ciento, asimismo sin descontar la inflación.
Esos cinco puntos anuales de crecimiento real en que difieren el uno y el otro país, hacen la diferencia de un Chile próspero, en búsqueda de ser el centro para los negocios de América Latina a pesar ser un país pequeño, ubicado a un extremo del continente, y el Ecuador, que vive al filo de la navaja, gastándose los ingresos petroleros ni bien entran en caja.
En una exposición reciente en Quito el Senador Longueira, del partido más grande de Chile y principal de la oposición, enunció los que a su criterio, son los motivos del éxito de Chile:
- la apertura económica;
- que las instituciones funcionan;
- la existencia de un sistema presidencialista, en que el Congreso no puede meter la mano para hacer daño económico;
- alta calidad de la clase política y de la élite en general;
- la existencia de un proyecto común de gobierno y oposición: de haber una oposición destructiva, sería castigada por el electorado;
- Estado chico, moderno y eficiente, que hace sólo lo que el sector privado no puede hacer;
- estrecha colaboración de los sectores público y privado en todas las materias.
¡Esto, de un líder de la oposición, que no ha ganado ni una sola de las elecciones en estos 18 años de democracia!
Hoy, los resultados de la primera vuelta insinúan que el Partido Socialista, con Bachelet, conservará la Presidencia, y que este partido, el mismo de Allende, no pretende alterar el rumbo económico que lleva el país desde hace 30 años.
Lo que promete la oposición de llegar al poder: ¡hacer lo mismo que la concertación demócrata cristiana-socialista, pero mejor!
No hay peor ciego que el que no quiere ver.