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BANCO CENTRAL, SIN AUTONOMÍA
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
"Un Banco Central independiente responde a una visión monetarista; el Presidente es estructuralista."
El Banco Central se derrumbó ante Correa, como anteriormente sucedió con el Congreso y el Tribunal Constitucional.
La toma de las instituciones del Estado, que estaba prevista sea la primera tarea de la Asamblea, ha perdido importancia, puesto que la única entidad que el Presidente buscaba controlar, y aún no la tiene, es la Superintendencia de Bancos.
La nueva Constitución, quitándole autonomía al Central, tan sólo santificará lo que se ha logrado ya.
En términos de visión económica, el presidente Correa es estructuralista, y por ello, la toma del Central le era indispensable. Al punto, que ha revelado que la medida equivalente tomada por el presidente Chávez en Venezuela, se la sugirió él.
El presidente Correa quiere un Banco Central que alinee su accionar a la política económica del gobierno.
Desde el punto de vista estructuralista, el gobierno quisiera que el Central cree dinero, para prestarlo a las actividades productivas, en particular la pequeña y microempresa, incidiendo en impulsar a la baja las tasas de interés, mientras que se alimenta el crecimiento.
Eso se lo hacía en los años 70: el mecanismo al principio se llamó “fondos fiduciarios”, después “fondos financieros”, y además había crédito para movilizar las cosechas, las operaciones sui-géneris.
Pero los bancos centrales independientes no proceden así. Tienen como mandato defender el equilibrio en las cuentas: que no haya déficit ni en balanza de pagos, ni en las cuentas fiscales. Una política de esas características, independientemente de las bondades que las autoridades vean en ella, causa inflación, y un Banco Central desaprobaría.
El Jefe de Estado, en cambio, considera que la importancia de controlar la inflación está exagerada, y si el precio de tener un mayor crecimiento económico, es mayor inflación, pues bienvenida sea.
Las autoridades estarían listas, cuando la inflación fuese excesiva y afecte la competitividad de la producción nacional, a devaluar.
Pero eso no se puede hacer en dolarización. Por eso se entiende que el Presidente dispare contra la dolarización cada vez que se le brinda la oportunidad, y en que Plan de Desarrollo la califique de auto-mutilación.
Si el gobierno de Correa, o al menos el régimen de Alianza País, se consolida, y dura más de período presidencial, como ellos aspiran, o se reprograma el gobierno actual con un nuevo período a partir del 2009, no cabe ninguna duda que desdolarizarán.
Eso hoy no se puede hacer. Como lo acaba de decir el flamante Gerente General del Banco Central, “si se vuelve a una moneda nacional, tal vez pero tiene que ser un proceso ordenado a través del tiempo”.
Un peligro de la falta e autonomía del Central sería que los expertos encargados de suministrar información económica confiable, pierden independencia. Ya pasó en la Argentina, donde el Presidente Kirchner intervino el ente que calcula la inflación para impedir que trascienda oficialmente, que había superado el 10 por ciento.
Ojalá que en el Presidente Correa prime su vocación de economista, que requiere de estadísticas confiables, y no la tendencia del político, de manipular datos para que pongan su gestión bajo luz favorable.