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BELLA DURMIENTE

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"Es más constructivo y prioritario enderezar las empresas públicas que fustigar a la banca y prensa."

Es un cuento del medievo, con reyes, hechizos y bosque encantado: la bella durmiente del bosque. La nuestra pertenece al realismo mágico.

El Presidente Ejecutivo de Petroecuador hace una visita nocturna no programada a la refinería de Esmeraldas, la misma que casi desaparece en un incendio a principios de mes.

Llega, y los guardias de seguridad, dormidos; entra al cuarto de mando, y los que tienen que tener sus ojos puestos sobre todos los controles que informan del funcionamiento de cada uno de los procesos de la refinería, dormidos. Los trabajadores de la empresa contratados para mantener 24 horas a la unidad FCC, dormidos.

Merece al menos un cuentito de Gabo.

La Dirección de Hidrocarburos indica que sólo por paros no programados desde febrero 15, se han perdido USD 117 millones.

Para que esto suceda, quiere decir que sobre la refinería de Esmeraldas, Petroecuador no tiene control alguno. El Superintendente de la refinería, sin autoridad.

Hoy se busca reacondicionar la infraestructura de la refinería, construida en los 70 por la compañía japonesa Chiyoda. De entonces a acá se han construido pocas nuevas refinerías en los países desarrollados: no es vieja para los estándares de los EE.UU. o Europa.

Más adelante, se hizo una contratación desacertada para su expansión con una compañía española, rechazando la propuesta de la constructora original. Coexisten dos equipamientos, el de Chiyoda y el de Técnicas Reunidas, que no funcionan en armonía.

Un concurso convocado para escoger una empresa que repare integral y emergentemente a la refinería, no tuvo acogida. Ahora se busca que Shell presente una propuesta para una contratación directa.

Todas las reparaciones del mundo, todos los cientos de millones de dólares que se puedan meter en la refinería, se irán por el caño si no se restructura integralmente a Petroindustrial. Tiene que haber una purga de quienes están supuestos a trabajar, y no lo hacen. Décadas de clientelismo han ahuyentado a personal calificado, que ha sido reemplazado por aquellos a quienes se debe favores.

No sólo Petroindustrial; en Petroproducción tenemos el caso de los desvíos en el oleoducto para disimular que la producción se desploma. No puede controlar el robo de equipamiento.

Petroecuador ha sido un botín del que han compartido administradores en pos de su beneficio personal, contratistas privilegiados que han vendido con sobreprecio y comprador con enormes descuentos, y sindicatos que han conquistado remuneraciones leoninas.

Los gobiernos de la última década y media estaban comprometidos con encaminar al país por una senda de crecimiento en base a la inversión privada; por lo que se entiende, aunque no se justifique, el que haya habido tanto descuido concerniente a Petroecuador.

Pero éste es un gobierno convencido que el desarrollo debe venir por el lado de la empresa pública, en particular en áreas consideradas estratégicas, como hidrocarburos.

El Presidente debe demostrar que tiene energía para corregir los vicios con que se manejan las empresas públicas, lo que sería constructivo y prioritario, energía hoy malgastada en fustigar a la banca y medios de comunicación.

 

 

 


 

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