En el Análisis

 

Para acceder a Análisis Semanal, ingrese su usuario y clave.

Si no tiene una clave suscríbase ahora.

Usuario

Clave


¿Olvidó su clave? Haga click aquí.




Solicitud de Clave

 

DOLARIZACIÓN CON SALUD

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"En el reciente debate que protagonizaron los presidenciables, ninguno propuso salir de la dolarización."

 

Cuando en enero del 2000 entramos en la dolarización, este observador no se contaba ni entre los panegiristas ni detractores.

Estaba consciente que la dolarización podía sacar al país del ciclo de hiperinflación y devaluación en que había caído por las malas políticas fiscales; pero igualmente dudaba que el país fuese a ponerse una “camisa de fuerza” de buena práctica.

Ante la falta de política monetaria, la economía iba a estar sujeta a vaivenes muy bruscos, que, cuando se llegase a producir una aguda escasez de circulante -el problema no era si iba a suceder, sino cuándo- el país iba a clamar que las autoridades pongan a circular dinero. Y entonces adiós a la dolarización, en medio de otra crisis pavorosa.

Nada está dicho de lo que pueda suceder. Pero hay que reconocer que hasta ahora, luego de seis y medio años de vigencia, el balance de la dolarización es indiscutiblemente positivo.

Antes del colapso, el PIB cerró a un pico de USD 23 636 millones en 1997, se mantuvo en ese mismo nivel en 1998, y el año que la crisis tocó fondo, el 2000, cerró en USD 16 000 millones.

El flamante gobierno de Gustavo Noboa anunció la dolarización a fines de enero del 2000, y se la comenzó a adoptar gradualmente en los siguientes meses. Desde mediados del 2000 hasta mediados del 2006, la economía ha mantenido un crecimiento continuo. Ha crecido todos los años desde el 2001, va a cerrar el 2006 en cerca de USD 40 000 millones, y se prevé estará en USD 42 000 millones en el 2007.

Cierto es, Gustavo Noboa apuntaló la dolarización al permitir que se construya un oleoducto privado; la construcción de un oleoducto había sido acaloradamente combatida. Desde fines del 2003 aumentó la producción petrolera, y en 2005 y 2006 hemos gozado de un excelente precio del petróleo.

Pero las exportaciones privadas, que habían sido USD 3 700 millones antes de la crisis, y que con el derrumbe del camarón en el 2000 habían bajado a USD 2 500 millones, cerrarán este año en USD 4 600 millones.

No es de sorprender, entonces, que en el reciente debate de los presidenciables, ninguno propuso salir de la dolarización.

¿Es posible salir? Nada es irreversible en este mundo. De la dolarización se puede salir en buenos términos o en malos términos.

En malas condiciones, es como la crisis argentina de la convertibilidad.

En buenos términos, es cuando no hay peligro inmediato de colapso, hay abundantes reservas monetarias para respaldar la emisión de nueva moneda y el sistema financiero está sólido. En otras palabras, como ahora. Pero si las cosas están bien, ¿para qué cambiarlas? Es por eso que ni los enemigos de la dolarización, ahora proponen abandonarla.

Es hora de aceptar que el país va a seguir dolarizado. Y hay que seguir políticas públicas conducentes a capitalizar en sus beneficios y neutralizar sus debilidades.

Una debilidad, la falta de política monetaria para que el gobierno emita en época de contracción económica. Entonces, hay que crear un fondo de estabilización. Hay que reducir los costos para la producción.

Se sabe qué hacer. Pero se requiere que nuestros gobernantes, ejecutivo y legislativo, actúen responsablemente.

He ahí el problema.

 

Diseño web Citric Studio