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ESTADO Y EMPRESA

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"La política económica de reducir el campo de acción empresarial inhibe la inversión privada."

El Vicepresidente Lenín Moreno se reunió con los empresarios, y les manifestó la posición del gobierno de pleno respeto a la propiedad privada sobre los medios de producción, teniendo como principal salvedad el de las tierras improductivas.

Esta afirmación vicepresidencial no es suficiente para disipar las legítimas preocupaciones de los empresarios sobre el entorno en que se van a desarrollar sus actividades bajo el gobierno Correa, sobre todo cuando es inminente el cambio del marco constitucional, e incluso de leyes económicas con el congresillo que establecería la Constituyente.

El Presidente y sus principales colaboradores comparten la concepción que existe concentración desmedida de la propiedad de los medios de producción que tiene que reducirse sustancialmente.

Como lo reiteró la semana pasada el Ministro Coordinador de la Seguridad Fernando Bustamante, “se tendrá que sacar a quienes tienen algo para darles a los que nada poseen, como lo hacen todos los estados del mundo”.

El Plan de Desarrollo contempla para el Estado una posición en la economía mucho más dominante que la que tiene hoy. No sólo se fortalece su capacidad reguladora, sino que desplaza al mercado en numerosas decisiones. El Estado con su mayor participación va en búsqueda de la redistribución de la propiedad y las decisiones empresariales, aplicando políticas como las siguientes:

- impulsar e incluso subsidiar, la formación de nuevas empresas de pequeños productores para que compitan con empresas privadas, ya que se considera que en casi todos los productos, hay virtuales monopolios;

- la elevación sustancial de los salarios, en función no de lo que es económicamente posible, sino socialmente deseable, y que las empresas que no estén en capacidad de poder asumir los más altos costos salariales, compensen a los trabajadores con la entrega de acciones;

- en las empresas privadas que sean viables bajo estas condiciones, se propenderá hacia la mayor sindicalización y formación de un nuevo modelo de gestión empresarial, en que los trabajadores y la administración compartan las decisiones, como bajo Velasco Alvarado en el Perú.

Incluso quienes favorezcan estas reformas deben comprender que no van a ser recibidas con entusiasmo por los dueños y administradores de los medios de producción potencialmente afectados. De ahí que los empresarios hayan tomado una posición de prudente espera hasta que se aclare el alcance de las políticas económicas del régimen, y que las inversiones estén suspendidas.

Según el Banco Central, la inversión en la economía se contrajo 2,7% en el segundo trimestre en relación con el primero, una reducción anualizada del 9%, a pesar del fuerte incremento de la inversión del sector público. De seguir así, la reducción de la desigualdad vendrá del empobrecimiento de los que más tienen, y no del enriquecimiento de los que menos, lo cual supongo, las autoridades han de considerar que no es lo óptimo.

El Presidente debe sopesar poner en compás de espera indefinido los elementos más radicales de su agenda, y diseñar una política económica en que pueda contar con la colaboración de la inversión privada.

 


 

 

 


 

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