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FRACASA DOHA

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"Si no hay un TLC firmado para febrero, no hay tiempo para que los Estados Unidos lo ratifique."

 

En julio, el Director de la OMC, Pascal Lamy, puso fin al ciclo de Doha para alcanzar la liberación del comercio internacional. Cinco años de negociaciones, y el acuerdo alcanzado en Hong Kong el año pasado, quedaron en nada.

El foco de discusión es la agricultura. Estados Unidos y Japón deben reducir sus subsidios internos, la Unión Europea bajar sus aranceles, y los países de desarrollo con potencial de incrementar sus producciones agrícolas, como Brasil y la India, bajar sus aranceles a las manufacturas.

Washington y Bruselas se recriminan mutuamente por el fracaso. El plazo para llegar a un acuerdo está vinculado a la autoridad del Presidente de los EE.UU. para negociar acuerdos internacionales sin que el Congreso pueda modificar su contenido (sólo lo puede aprobar o negar). La autoridad vence el 30 de junio de 2007, y los expertos consideran que el Congreso no se lo renovará al presidente Bush, con lo cual habría que esperar al 2009 y un nuevo Presidente para retomar las negociaciones.

Once meses parecería bastan para negociar, pero concretar los acuerdos entre las partes, más el tiempo requerido para cumplir con los trámites internos de los Estados Unidos, superan este plazo.

Adicionalmente, se inicia la campaña electoral en los Estados Unidos, y el presidente Bush no habría querido poner en la palestra concesiones agrícolas.

Hay dos consecuencias inmediatas del fracaso de Doha: que recrudezcan los reclamos, conducentes a la conformación de paneles de expertos, como por ejemplo, el del Brasil al subsidio de los EE.UU. al algodón; y que grupos de países negocien entre sí, trayendo la liberación del comercio por vía bilateral, en lugar de multilateral, lo que algunos expertos denominan la olla de tallarines, ya que los acuerdos bilaterales se enredan.

Se teme también que el ímpetu a la liberación comercial se estanque, que la OMC involucione, y su efectividad se pierda.

El fracaso en reducir el proteccionismo agrícola es negativo para el Ecuador. Uno de los puntos principales de la oposición al TLC en el país es que Estados Unidos insiste en vendernos productos agrícolas subsidiados; en su reciente visita, el Premio Nóbel Stiglitz indicó que los subsidios eran causa suficiente para no firmar el TLC. El Ecuador también se beneficiaría de que sus productos agrícolas enfrentasen menos barreras arancelarias en otros países, sobre todo en la Unión Europea.

Si la apertura comercial va a darse mediante acuerdos bilaterales, el no alcanzar un TLC con Estados Unidos, mientras que los otros países latinoamericanos del Pacífico ya los han logrado, nos pondría en singular desventaja.

La expiración del poder de negociación de tratados del presidente Bush también conspira contra alcanzar un TLC. Si Washington está dispuesto a reabrir las negociaciones con el gobierno entrante, el Presidente electo a mediados de noviembre tendrá que cerrar las negociaciones en diciembre, y firmar el acuerdo tan pronto se posesione. Si no hay un acuerdo firmado para febrero, no hay tiempo para cumplir con los plazos que requiere el Congreso de los Estados Unidos para ratificar un tratado.

 

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