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FRACASO DE LAS REFORMAS
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
"Según el BID, las políticas públicas de laboratorio no funcionan: los procesos son cruciales".
El BID se pregunta por qué ha sido tan deficiente el crecimiento de América Latina en las últimas décadas, y tan pobres las perspectivas.
El Banco Mundial en su “Perspectivas para la Economía Mundial 2006”, proyecta que el PIB per capita de América Latina crecería 2,3% anual del 2006 al 2015, mejor que el África negra (1,6%), pero por debajo del Medio Oriente, y muy atrás del Asia. La región se rezaga.
A fines de los 80 el BID y el Banco Mundial, junto a otras instituciones, propusieron un paquete de reformas económicas inspiradas en las que habían ejecutado los tigres asiáticos.
Estas reformas fueron acogidas por Salinas de Gortari en México; Menem, que delegó amplias atribuciones a Domingo Cavallo; Sánchez de Lozada, primero como todopoderoso ministro de Paz Estensoro, y luego como Presidente de Bolivia; y Fujimori, populista converso.
Los cuatro aplicaron las reformas sin el necesario apoyo de la población. Todos cayeron en desgracia. Hoy, Kirchner busca un camino alternativo; Evo Morales se apresta a revertir las reformas. Hay la posibilidad que de ganar López Obrador, México siga por el mismo rumbo.
El BID llega a la conclusión que las políticas públicas de laboratorio no funcionan: “la efectividad de las políticas públicas depende de cómo se las debate, aprueba y ejecuta”, observa en su “Informe del 2006 sobre el Progreso Económico y Social de América Latina”, presentado en Quito el martes pasado bajo auspicio de la Flacso, y el que me tocó comentar.
¿Cómo lograr que los países de América Latina adopten políticas públicas estables, que les permita desarrollarse?.
La clave está en instituciones fuertes. Por ejemplo, se requiere que haya un nivel de institucionalización del sistema de partidos: una fuerte vinculación de los partidos con las organizaciones sociales; que los partidos y las elecciones sean decisivos para determinar quién gobierna; que haya organizaciones dentro de los partidos que influyan en las propuestas políticas de los mismos.
De los 19 países de América Latina que el BID califica de acuerdo a esta medida, el Ecuador ocupa la segunda posición más baja, después de Guatemala.
En lo que respecta al Congreso, es necesaria cierta polarización, en lo que Chile es campeón: los peores son Brasil y Ecuador.
Pero hay un círculo vicioso: el diseño de reglas electorales que favorece la fragmentación de los partidos y Congreso, conspira contra políticas públicas estables; la falta de éstas impide que mejore el nivel de vida y de educación de la población; la sociedad empobrecida no exige a los partidos políticos que respondan a sus necesidades.
¿Cómo romper ese círculo vicioso? “El desarrollo institucional es imposible sin el desarrollo de líderes políticos, económicos y sociales... El liderazgo permite abrir las oportunidades sociales que pueden generar nuevos ciclos de formulación y ejecución de políticas y renovación institucional”, sentencia el BID.
El liderazgo de Cardoso es justamente lo que permitió a Brasil romper el círculo vicioso. Hagamos votos que a quien elijamos en noviembre se erija en líder forjador de consensos, y no se vuelva otro intrascendente inquilino de Carondelet.