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GLOBALIZACIÓN SEGÚN STIGLITZ

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"Qué necesidad tiene Rafael Correa de legitimar su política económica con “socialismo del siglo XXI”?."

Joseph Stiglitz, Nóbel 2001 en Economía, prominente figura en el panteón de este gobierno, publicó recientemente una nueva obra sobre la globalización (“Cómo hacer que funcione la globalización”, Taurus ediciones, $18,90 en Librimundi).

La obra es de lectura ligera, destinada para difusión general, un poco floja en algunas secciones. Tampoco muy original; en el 2005, el chileno Ricardo Ffrench- Davis trató extensamente de las experiencias chilena y asiáticas con una pragmática y exitosa intervención estatal para sacar adelante sus economías (“Después del Fundamentalismo Neoliberal”, siglo XXI editores).

Pero para los ecuatorianos, la nueva obra de Stiglitz tiene un valor especial, al poner en contexto buena parte de las pastillas conceptuales que nos ofreció Rafael Correa en la campaña.

Un motivo central del pensamiento de Stiglitz es la imperfección de los mercados, en base a la desigualdad en la información disponible a los distintos agentes, en perjuicio de los más débiles, y el papel del gobierno para corregir las distorsiones que lo anterior significa; Correa, exhibiendo sentido del humor, nos dijo, “¿en qué se parecen los mercados perfectos a Superman? En que ninguno de los dos existen”.

Stiglitz repite y fundamenta su devastadora crítica al Fondo Monetario (Patiño: “les vamos a prepagar la deuda al FMI”) y a los organismos multilaterales. 

Stiglitz sentencia que “la condicionalidad de instituciones económicas como bancos centrales independientes que no rinden cuentas políticas, minan la democracia”, y Correa nos ha hablado de eliminar el BCE.

Una de las mejores secciones trata de las inequidades de las reglas en el comercio internacional, y por qué se opone a los acuerdos bilaterales, sobre todo cuando incluyen cláusulas que no tienen que ver con el comercio, como por ejemplo, propiedad intelectual. Lo que recuerda las críticas del candidato Correa al TLC (el gobierno viene de informar oficialmente a los EE.UU. que el Ecuador no desea un TLC).

Al inicio de su libro, Stiglitz explica que “hace un cuarto de siglo, tres escuelas de pensamiento económico competían entre sí: capitalismo de libre mercado, comunismo, y una economía de mercado administrado. Con la caída del muro de Berlín en 1989, sin embargo, los tres se redujeron a dos, y el argumento hoy es en buena medida entre quienes impulsan la ideología de libre mercado y aquellos que ven un importante papel tanto para el gobierno como para el sector privado”.

Éste último “que es el que yo mantengo, considera que los gobiernos tienen un papel más activo tanto en promover el desarrollo como en proteger a los pobres”.

Una política económica ecléctica, que se aparte de las recetas del consenso de Washington, goza de un venerable abolengo intelectual. ¿Qué necesidad tiene Rafael Correa de legitimar su política económica en base al refrán del “socialismo del siglo XXI”, de vacuo contenido conceptual, acuñado por el presidente Chávez para justificar un régimen político autoritario y paternalista?

Con ello se siembra confusión y resquemor en sectores ciudadanos modernos, que pudiesen ser valiosos aliados del proyecto presidencial.

 

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