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POR LAS TRANQUERAS

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"Esta izquierda que aprendió las lecciones del Este europeo y China es contendora a ser la nueva ola".

 

A pocas semanas de la primera vuelta, Alan García se encontraba en un distante tercer lugar en las encuestas. Pero el hábil líder del APRA, en maniobra que recuerda su mote ecuestre, arrancó poco antes del día de la elección, superó a Lourdes Flores, y ganó la segunda de punta a punta: caballo loco por las tranqueras.

Segunda oportunidad de García. Salió desprestigiado de su primer gobierno, con la economía echa pedazos, a exiliarse en Colombia y Europa, escapando de los juicios en su contra.

Pero hay que poner en perspectiva su presidencia. A mediados de los 80 América Latina rehusaba enmarcarse dentro de la disciplina económica ortodoxa, como vía a la prosperidad.

El éxito de los países asiáticos pequeños y medianos, los denominados tigres, era nuevo, y en China Deng recién comenzaba las reformas que a principios del siglo XXI convertirían a China en potencia económica.

La izquierda latinoamericana proponía la adopción de políticas heterodoxas. Eso abogaba Alfonsín en Argentina; el líder de la democracia cristiana en Chile, Radomiro Tomic, y el colombiano Galván, quien fuera asesinado. Alan García era el portaestandarte.

La propuesta heterodoxa parecía razonable y tuvo una gran aceptación. Pero el fracaso de la presidencia de García y la imposibilidad de Alfonsín de enderezar la economía argentina, viéndose obligado a entregar anticipadamente el poder a Menem, la enterraron.

A García lo sucedió Fujimori; en México, Carlos Salinas reformó el PRI y su ala estatizante de izquierda hizo cisma y fundó el PRD; cuando la transición en Chile, los presidentes demócrata cristianos que sucedieron a Pinochet mantuvieron la ortodoxia económica. Heterodoxia fuera, viva el consenso de Washington.

Hoy retorna la onda heterodoxa, pero no tanto como propuesta económica, sino como populismo vestido de izquierda: lo que cuenta es el bienestar de corto plazo de los más pobres; la inversión y el desarrollo, al tacho. El líder de esta tendencia es el presidente Chávez; Morales en Bolivia es su más reciente triunfo, Humala estuvo cerca en Perú, y López Obrador del PRD, la gran esperanza en México.

La injerencia del presidente venezolano en la elección peruana tuvo como consecuencia que hoy sea Alan García su principal contradictor en América Latina.

García ha reconocido los errores de su primer gobierno, y promete rectificar. Se enmarca en la nueva izquierda latinoamericana, que se apoya en el mercado y la inversión privada para asegurar la prosperidad, pero cuyos gobiernos invierten en los más pobres, buscando reducir las diferencias económicas y sociales.

Esa izquierda hoy en día gobierna en Chile con Bachelet, quien continúa la obra de Lagos. Es la línea del sindicalista Lula Da Silva en Brasil, al menos en su primer período. Y más sorprendentemente, la del ex tupamaro Tabaré Vásquez en Uruguay, quien solicita a los EE.UU. un TLC.

Esta izquierda tradicional, que aprendió las lecciones del Este europeo y de China, es contendora a convertirse en mayoritaria en América Latina. Aunque es la izquierda populista de Chávez, Morales y Kirchner la que acapara la atención de la opinión pública internacional.

 

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