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¿QUIÉN GOBERNARÁ?
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
"No sabemos si gobernará el Rafael Correa de la primera vuelta o el de la segunda."
Para Presidente, Rafael Correa es un virtual desconocido: un muy breve paso por el Ministerio de Economía, le bastó para adueñarse del imaginario de un importante segmento de la población, segmento que en una campaña con cinco candidatos opcionados para entrar en la segunda vuelta, le permitió calificar segundo.
Hasta diez días antes de la segunda vuelta, las encuestas daban a Correa como seguro perdedor. Pero al momento de decisión, el electorado se identificó con el joven político que gracias a talento y tenacidad superó las estrecheces de su juventud para dotarse de una preparación de primer orden y convertirse en académico de prestigio. Correa es un ejemplo para la clase media, mientras que era muy difícil identificarse con Noboa, nacido en la prosperidad sin límite.
En la primera vuelta, Correa hizo una campaña ideológica, que entusiasmó a su electorado duro; en la segunda, no contradijo sus planteamientos iniciales, pero hizo una campaña más pragmática.
¿Qué sabemos de Rafael Correa como presidente? Que es un hombre de izquierda, convencido. Pero no sabemos si gobernará el de la primera vuelta o el de la segunda.
Con el triunfo de Correa, simultáneamente el PSC deja de tener la posición preponderante que solía tener en el Congreso. Hay la percepción que la política entre en una fase “post-León”, y hay posibilidades de nuevos entendimientos de gobernabilidad.
A diferencia de sus predecesores inmediatos, Correa recibe una economía en marcha. Este año los hogares ecuatorianos incrementan su demanda entre un 5,5 por ciento y un 6 por ciento real, esto es, en términos dólares, 9 por ciento.
La economía está dinámica. Cuando se habla de reactivación, se está haciendo referencia a aquellas actividades del sector productivo, como industria o agricultura, que están perdiendo terreno frente a importaciones. Correa tiene razón en señalar que esta pérdida de competitividad es un problema que tiene que superarse.
Otra diferencia con gobiernos anteriores es que Correa encontrará fondos acumulados de los ingresos petroleros del 2005 y 2006 que el gobierno Palacio no logró invertir.
Eso le permite volcar la acción del Estado a los sectores que considere prioritarios: las leyes están diseñadas para favorecer la inversión hidroeléctrica, pero si el gobierno pensase que otra es la prioridad, no tendría dificultad en lograr cambios legales para reorientar los fondos de inversión.
Hay un inmenso campo para mejorar la deficiente gestión pública en programas sociales. Puede sumarse mejor gestión, resultado de la mística y mejor preparación académica de los colaboradores del gobierno, ausente en gobiernos anteriores, y mayor inversión. La economía podría seguir creciendo, pero con una mejor distribución de la riqueza.
Ése sería el Rafael Correa de la segunda vuelta.
Pero también cabe que priorice la agenda radical de la primera vuelta. Abandonar, en lugar de reorientar, la economía hoy en expansión; sacrificar lo que hemos logrado en pos de una utopía equitativa. Ese sería el Correa de la primera vuelta.
La incertidumbre tiene en vilo a quienes vacilan entre el apoyo entusiasta, y la adopción de medidas defensivas.