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SIGLO DE LA BIOLOGÍA

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

"La prohibición de los alimentos modificados genéticamente condena a la agricultura al siglo pasado."

Así como el siglo XX fue el siglo de la física, el XXI será de la biología.

En 1905, el científico descollante del siglo pasado, Albert Einstein, anunció la teoría de la relatividad, dando inicio a un desarrollo científico impresionante que cambió radicalmente la civilización y nuestras vidas: nos dio los viajes interplanetarios, la cibernética, y la Internet.

El más controvertido de esos avances fue el control de la energía atómica: permite la generación eléctrica; en sus inicios se puso mucha esperanza en la radiación para la preservación de los alimentos; pero a su vez nos trajo lo que hasta ahora es el mayor peligro para la humanidad: la bomba nuclear.

Esto es paralelo con lo que pasará este siglo con la biología. Estamos viviendo los inicios de una revolución, con la cual es difícil mantenerse al día.

Primero, es la modificación genética. La civilización fue posible porque 10.000 años atrás, nuestros ancestros domesticaron plantas para que puedan ser grandes productoras de alimentos. Eso tornó viable a la agricultura y el urbanismo.

Hoy se hace lo mismo con métodos que permiten acelerar el proceso de domesticación en un factor de 1 a 100. El Ecuador no podría ser competitivo en floricultura si se abstuviera de aplicar la genética.

El siguiente paso sería la utilización de células para regenerar órganos del cuerpo, en lugar de recurrir a trasplantes.

Dentro de pocas décadas, es probable que sea rutina la creación de quimeras: organismos vivientes que no existen en la naturaleza.

No se trata de crear vida en base a elementos simples, aunque quizás eso sea posible más adelante, sino modificar células para que se desarrollen organismos de características radicalmente distintas a los originales: especies de árboles, o animales distintos a los que existen hoy.

Estos cambios generan enormes problemas éticos, que los filósofos y científicos ya están enfrentando. Los peligros que plantea la genética para la civilización y la vida humana, son mayores que los que presentan las tecnologías del siglo XX.

Pero las ventajas también serán enormes. Las plantas tienen un factor de absorción de energía solar que es mínimo; con ingeniería genética, podrá incrementarse por un factor de diez la capacidad de absorción de energía solar, con lo cual se podría incrementar la producción de alimentos en el mismo factor por unidad de cultivo.

Así se enfrentaría el enorme desafío que es dar alimentación a nivel del primer mundo a la población mal alimentada del tercer mundo.

Incluso podría reducirse el área de cultivo, y aumentar las áreas preservadas, debido a la mayor eficiencia de las nuevas plantas.

Hay el peligro que el Ecuador, como país que en términos generales se encuentra a la zaga de otros en cuanto a la aceptación de los avances científicos, sufra un importante revés en sus aspiraciones de desarrollo, si se margina de los avances de la genética.

Desde la perspectiva aquí narrada, la ley que prohíbe la importación de alimentos modificados genéticamente, es absurda. Si se cumpliera con esa ley, el Ecuador no podría importar maíz, soya, trigo, y muchos otros productos que requiere, ya que los grandes países exportadores lo son, gracias a que cultivan variedades genéticamente modificadas para incrementar su rendimiento.

Si el Ecuador no recurre a variedades genéticamente mejoradas para renovar sus cultivos, la producción agrícola requerirá de un enorme subsidio, a costa de los consumidores, para impedir ser arrasada al mercado interno, y tendrá que resignarse a no entrar en mercados internacionales.


 

 

 


 

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