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EL PRIMER PAPEL

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

Las lluvias catastróficas, a diferencia de las de 82-83 y 97-98, vienen de la cuenca amazónica.

La contraparte de la tragedia es que en esta temporada, normalmente de estiaje amazónico, llega suficiente agua a las centrales hidroeléctricas en dicha cuenca; no hay necesidad de importar electricidad de Colombia. Una bendición, dada la coyuntura internacional.

Cuando hace 25 años el Ecuador inició su lenta y trunca transición hacia una economía de mayor libertad de mercado y menor participación del Estado, el sector público dejó de invertir en hidroelectricidad. Nunca se completó la transición que hubiese atraído la inversión privada sustitutiva. El país se resignó a importar electricidad cara y combustibles para generación.

Este gobierno imprimió un giro de timón y retomó para el Estado la posición dirimente en la economía. Adoptó un ambicioso plan de inversiones hidroeléctricas, recurriendo al Feiseh, que acumula el dinero generado por la operación petrolera ex- Occidental.

El 18 de enero el Presidente puso la primera piedra en la inauguración de la represa Toachi-Pilatón, informando que descartaba hacer un concurso público porque tomaría tres años, y “prefiero que me critiquen por firmar contratos para ejecutar obras, antes que el país siga perdiendo dinero”.

Coincido: muchos gobiernos no han hecho obra por temor a las glosas que surgen cuando dejan el poder.

Toachi-Pilatón cuesta mucho por kilovatio generado. Pero tiene el mérito de estar en la vertiente occidental, lo que diversifica el riesgo del estiaje.

Que sepamos, carece de estudio ambiental. Dudamos se inicie antes de un año.

La estrella de la estrategia es Coca-Codo Sinclair, que generará 1.500 MW a un costo de $1.600 millones, todo del Feiseh. Lo construirá un consorcio encabezado por la argentina Enarsa. La colocación de la primera piedra será el 6 de abril.

¿Primera piedra? Más bien primer papel. El proyecto está en las inmediaciones del Reventador, que hace 20 años destruyó el oleoducto Trasandino. Los estudios del Coca los realizó la ex-Inecel antes de la erupción. Hay que hacer nuevos estudios. Después vendrá la ingeniería.

Para Coca se justifica un estudio integral de la cuenca; a lo mejor la solución no es un solo proyecto, el más grande de la historia nacional, sino varias centrales que permitan diversificar el riesgo.

La necesidad de ganar tiempo no justifica entregarlo a dedo a una empresa estatal argentina de poca trayectoria en la construcción de centrales.

Tener el dinero le permite al Gobierno convocar a media docena de las principales compañías del mundo constructoras de centrales hidroeléctricas y someterlas a algún procedimiento para ver cuál ofrece las mejores condiciones. No es posible llamar a un constructor y encargarle una obra sin antes existir planos ni presupuesto. Ágiles sí, apresurados no.

El tercer gran proyecto es Sopladora, aguas abajo de la central El Molino, en el Paute, cuyo flujo lo regulará Mazar, aguas arriba. Nuestra información es que los costos de Mazar están 32% por encima del presupuesto, que experimenta problemas en el diseño del vertedero, y que estará lista recién en 2010.

Cuidado con subestimar el costo de las obras, y el tiempo que tomará ejecutarlas.

 

 

 

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