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RUMBO AL 10%
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
Mayo cierra con una inflación anual de 9,3%, y seguramente cerrará junio sobre 10%.
En enero-mayo la inflación acumula 6,3%, superando la meta revisada al alza recientemente por las autoridades, de 5% para todo el año. Lo más grave es que los primeros meses del año suelen ser poco inflacionarios: enero-mayo del 2007 sólo acumuló medio punto porcentual, con lo que la inflación en 2008 va a un ritmo 10 veces superior al del 2007. Los que más han subido son los alimentos, pero también están al alza los servicios.
La inflación no perturba al Presidente, quien sintetiza lo que para él es la excesiva importancia que le asignan los “neoliberales”, con la expresión “tampoco hay inflación en el cementerio”.
La lógica detrás de ese concepto del Presidente es que si el precio a pagar por la mejor calidad de vida de los más pobres es la inflación, pues sea.
Pero para que el efecto negativo de la inflación sea secundario frente al beneficio que tienen las personas más pobres de la sociedad por el mayor gasto público y alza de costos laborales, es necesario que los pobres tengan más fuentes de ingresos; que haya más empleo. Y ese no es el caso.
El cambio drástico en curso en la constitución y leyes ha redundado en una reducción del empleo. La flamante legislación laboral no repara en si las normas motivan a las empresas a reducir sus plantillas. Se pretende subordinar los derechos de propiedad a la evaluación que hagan los poderes públicos de si esos derechos son compatibles con los objetivos sociales del régimen.
La nueva serie de empleo que inauguró el gobierno en setiembre revela que de 76 mil personas que entraron al mercado laboral en los siete meses a abril, sólo 27 mil consiguieron empleo que cumple con los requisitos legales; otros 27 mil engrosaron las filas de los desempleados, 25 mil subempleados pasaron a la economía informal, que creció en 46 mil.
En estas condiciones la inflación debe preocupar, ya que el alza en precios se manifiesta en particular en los alimentos que impacta más a los ciudadanos de menos recursos.
El anuncio del Presidente que va a recurrir a expertos argentinos para que revisen las estadísticas nacionales inquieta a quienes seguimos los datos del BCE, puesto que el argentino no es un ejemplo a imitar. El entonces presidente Néstor Kirchner intervino al equivalente del INEC, que pone a la inflación oficial en 9%. Estimados independientes la ubican en el 25%, que es lo que los argentinos aceptan.
Otra iniciativa que baraja el gobierno parece más aceptable; buscar que las empresas ofrezcan productos de los que están en la canasta básica a precio de costo, accesibles sólo a quienes reciben el bono solidario, con lo que la canasta básica se encarecería menos que la inflación. De esa manera se protegería a los más pobres de las consecuencias de los efectos de la política económica.
Lo malo de esto es que a la postre podría ser más conveniente estar subsidiado sin trabajar que percibir salario mínimo sin subsidio.