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PACTO PARA LA EDUCACIÓN
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
Central al proyecto de gobierno de Alianza País, y en buena parte el motivo de su gran aceptación popular, es la denuncia del altísimo grado de inequidad en los ingresos de la población, y la propuesta de tomar medidas correctivas.
El Ecuador es uno de los países con mayor desigualdad económica de América Latina, lo que es mucho decir, puesto que América Latina tiene uno de los mayores índices de desigualdad en el mundo.
Hay estudios a nivel mundial que demuestran que la medida más efectiva posible para disminuir la inequidad es reducir las diferencias en educación. América Latina además de ser una región de altísima desigualdad, se encuentra también entre aquellas de más pobre desempeño educativo.
Para que un gobierno atienda este grave problema educativo, es necesario que tenga una visión de largo plazo, ya que los resultados no se los obtiene de la noche a la mañana. Nuestros gobiernos nunca han logrado ver más allá del inmediatísimo plazo, por la crónica crisis política y la insuficiencia de fondos que siempre han vivido.
Hoy, que se ha puesto en boga la proactividad de la sociedad civil es hora que busque los acuerdos que permitan que el país supere esta inmensa traba a su desarrollo social y económico que es la falta de educación.
El jueves, Care Internacional del Ecuador y Save the Children UK lanzaron de manera conjunta un libro con once ponencias de cómo dotar a la educación y programas sociales de fuentes de ingresos importantes y permanentes: "Hacia un pacto social fiscal por la educación, la salud y la inclusión social”.
A los once se los conoce mejor por su mayor atención a la situación económica, que a la social: la lista incluye ministros y ex ministros de Economía, directores del SRI, y articulistas económicos, como este servidor. El pedido nos puso a todos a ofrecer soluciones a la falta de financiamiento adecuado para la educación.
Hoy el Fisco tiene dinero, y pueden establecerse fórmulas para que cuando estos fondos fallen, haya alternativas adecuadas.
Pero el problema va más allá de los ingresos. La educación es intensiva en mano de obra, y si el hincapié es elevar los sueldos de los educadores, de manera aislada y sin verlo en su contexto global, se corre el peligro que no haya presupuesto que alcance para un programa educativo integral.
Se requiere por lo tanto una política educativa que incluya, entre otros elementos:
- Que las madres que perciban el bono solidario tengan, como contrapartida, que rendir un servicio a la sociedad, el cual sería estar al día en la vacunación de sus hijos, y mantenerlos en la escuela.
- La rendición de cuentas de los educadores. Quizás tomar como ejemplo lo que se hace en el sector privado: exámenes nacionales que midan cuánto ha progresado los estudiantes de un año a otro, y que parte de la remuneración de los maestros esté en función de la calidad de servicio que prestan. Debe ser muy desalentador para los maestros dedicados el ver que otros, menos responsables, ganan igual o mejor.