Para acceder a Análisis Semanal, ingrese su usuario y clave.
Si no tiene una clave suscríbase ahora.
¿Olvidó su clave? Haga click aquí.

ENTRE AUTORITARISMO Y CAOS
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
La flamante Constitución antepone la democracia participativa o directa, a la representativa; es una receta para que el país caiga en autoritarismo o caos.
Participativa es la democracia en comunidades pequeñas. El alcalde o el párroco replica las campanas y todos se reúnen en la casa comunal o en la iglesia a tratar los temas importantes. En la polis de la antigua Grecia podían reunirse en un anfiteatro, ya que los ciudadanos eran los varones libres, una minoría de la población.
En sociedades más grandes lo que rige es la democracia representativa. Los ciudadanos nos dedicamos a lo nuestro, trabajo, familia, vamos a las urnas para elegir a quien gobierne en nuestra representación.
Los candidatos surgen de partidos, que elaboran propuestas que buscan aglutinar a segmentos amplios de la población. Periódicamente aprobamos la gestión del gobernante votando por el mismo candidato o su partido, o lo reprobamos, optando por la oposición. Este sistema no garantiza el mejor gobierno, pero sí que los represores no duren.
Este año, cansados de un régimen disfuncional, le dimos carta blanca al Presidente Correa y Alianza País. Un alto número de asambleístas de Alianza País son activistas de alguna causa específica (ambiental, étnica, de género) y redactaron un proyecto de Constitución (que aprobamos), que crea un organismo que ejercerá el control social y que los movimientos sociales buscan copar.
Un mentor de Hugo Chávez, William Izarra, dice que el verdadero papel del partido es ganar las elecciones, tomar poder, y luego transferirlo de vuelta a las comunidades; que es fundamental mantener la revolución en marcha en constante movimiento, como una centrífuga que nunca se detiene.
En este escenario tendremos gobierno de grupos de presión, sin el filtro de los partidos políticos. El MPD a cargo de la política de educación; la FEUE y la FESE manifestando ante Carondelet para la entrega inmediata de dinero para educación gratuita y apedreando las oficinas de tránsito, exigiendo tarifas más bajas; grupos ecologistas tomando instalaciones mineras y petroleras para exigir el fin de esas actividades; otras proponiendo se ponga fin a la acuacultura y monocultivos. El resultado será el caos.
La alternativa es que el Ejecutivo capte las instancias que los activistas crearon para sí. Por eso el politburó decide a qué constituyente le permiten seguir como asambleísta, y a quién no. Si prevalece el Ejecutivo, en la Asamblea Nacional habrá una mayoría absoluta de asambleístas que sigan la línea presidencial, y los activistas, a diferencia de lo que pasó en la constituyente, perderán el control de la agenda.
En ese caso sería el Ejecutivo el que controle a las otras instituciones públicas y a la ciudadanía en general, y no habría equilibrio de poderes.
Es posible también que el Ejecutivo y los grupos sociales transen, compartiendo el control social, en cuyo caso los activistas tendrán que moderar sus exigencias y el Presidente aceptar el co-gobierno.
La nueva ley minera, ¿permitirá o no la gran minería? La ley alimenticia, ¿requerirá o no el retaceo de las propiedades agrícolas?
En todo caso el equilibrio entre gobierno y activistas sería precario.