Para acceder a Análisis Semanal, ingrese su usuario y clave.
Si no tiene una clave suscríbase ahora.
¿Olvidó su clave? Haga click aquí.

Más que Frutos y Espinas
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
Senacyt financia el cultivo de nopal por cinco comunas en 20 hectáreas en Santa Elena. La inversión será USD270.000.
Del cacto se cosecha la tuna, pero además en él se cría un insecto del cual se obtiene un extracto carmín utilizado como colorante natural de textiles; la cochinilla. Es una tecnología del la época de los aztecas.
Por lo que este cacto “es… mucho más que frutos y espinas” explica Senacyt, poniendo una nota poética en un árido texto científico (como suelen ser esos textos).
Detrás del proyecto hay un problema de magnitud. El Ecuador invirtió en un ambicioso programa de trasvase de agua del Daule a la península, para dotar de agua a esa árida zona y constituirla en un nuevo granero del país. Pero de las 40.000 hectáreas con irrigación, se aprovechan sólo 6.000. “Por falta de recursos económicos y alto costo del agua” dice Senacyt.
No creo que ese sea el problema. La Costa del Perú es inmensa y desértica, no tiene acceso a ríos de la magnitud del Guayas y sus afluentes, y sin embargo en la última década en ella se expanden vertiginosamente los cultivos de exportación entre los que destaca el espárrago. De debilidad, a la sequedad la han convertido en fortaleza: cierto que cuesta el agua, pero no hay inundaciones.
El problema en la península es la tenencia de la tierra. En la península la tierra es propiedad de comunas, y lo que es propiedad de todos, no es de nadie. Comunidades que han vivido por muchas generaciones sin agua para dedicarse a la agricultura.
Por lo que ni las comunidades han aprovechado la oportunidad del agua, por no ser agricultores, ni inmigraron campesinos de Guayas y Los Ríos, ni la empresa privada desarrolló plantaciones, por no poder comprar la tierra.
Durante las décadas en que el Estado dejó a la iniciativa privada las actividades productivas, el que la tierra no juegue bajo reglas de mercado desestimuló el desarrollo de la península.
Hoy, sin embargo, las condiciones cambian. Que la tierra pertenezca a comunas calza perfectamente dentro de la ideología del régimen, que cree en la multiplicidad de sistemas de propiedad y producción.
Central al gobierno es el fortalecimiento del sector “popular y solidario” como agente económico. Por lo tanto este gobierno tiene que ser proactivo en incorporar a las comunas de la península al desarrollo agrícola.
Debe ser una acción en diversos frentes: un apoyo sostenido de expertos agrícolas, trabajadores sociales, BNF, en fin, hay que convertir al comunero de la península en un agricultor.
Este pequeño proyecto de cochinilla está bien, pero no basta. La península es extensa y hay que probar con otros cultivos.
Durante el gobierno militar, cuando aún no había trasvase, el gestor de la política industrial, Galo Montaño, propuso la jojoba como un cultivo ideal para la península. La jojoba es un arbusto de las zonas áridas del norte de México del que se extrae un aceite utilizado para cosméticos. Que sepamos, la implantación de ese cultivo en la península nunca se implementó. ¿Seguirá acaso siendo una opción?