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BAJA RIESGO PAÍS

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

La calificadora de riesgo Moody’s eleva la calificación de la deuda del Ecuador dos escalones a B3.

El riesgo país que mide JP Morgan, luego de aumentar levemente desde mediados de diciembre a mediados de febrero, fluctúa marcadamente durante los últimos 30 días.

Las empresas nacionales no invierten por considerar que el riesgo es demasiado alto.

¿Confuso y aparentemente contradictorio? Procedo a explicar los conceptos.

Moody’s es una agencia internacional que califica el riesgo de los bonos de un Estado. Su calificación refleja la percepción que tiene de la posibilidad que un país entre en moratoria.

Mejora por el alto precio del petróleo y su positivo impacto en las finanzas públicas. Hay la percepción que el Ecuador sólo declarará una moratoria de la deuda, a pesar de los pativideos, si la caja fiscal entra en iliquidez, y eso es poco probable.

La subida de dos escalones es bienvenida, pero sólo nos pone en el andarivel de Nicaragua, el país peor administrado de Centroamérica, y Argentina, que con Kirchner forzó unos términos draconianos de restructuración de la deuda que muchos tenedores de bonos no han aceptado. La calificación de Moody’s para el Ecuador sigue siendo muy baja.

El índice de JP Morgan también tiene que ver con la cotización de los bonos: mide la diferencia entre el rendimiento de los bonos ecuatorianos y los del Tesoro de los EE.UU., con el criterio que un inversionista compra bonos de un país emergente, en lugar de bonos absolutamente seguros del Tesoro de los EE.UU., únicamente si obtendrá un rendimiento mayor que justifique el riesgo.

Lo que se mide son percepciones de inversionistas, no un análisis profesional.

Este índice fluctúa por situaciones coyunturales, buenas y malas noticias, a diferencia de la calificación de Moody’s, que se mueve muy poco. Las fluctuaciones pueden deberse a consideraciones globales externas al Ecuador, como por ejemplo, temor que las economía emergentes sufran con una recesión mundial.

Los inversionistas tienen tan mala percepción del país, que los bonos ecuatorianos fueron los de mejor rendimiento en 2007: 22,5%. No sin razón: las recurrentes moratorias.

En cuanto a los inversionistas nacionales, el alza sustancial en el precio del petróleo, fortaleciendo las finanzas públicas, en circunstancias en que se deprecia el dólar, con lo que mejora la competitividad de la industria nacional, debería ser motivo de incremento en la confianza. La economía debería crecer fuertemente, digamos 10% anual.

Pero no son circunstancias normales. Hace año y medio entramos en período electoral que aún no culmina; la última elección del ciclo tendría lugar en noviembre. El gobierno, que se supone tiene una alta posibilidad de ganar las elecciones e iniciar un nuevo período, se manifiesta partidario de un socialismo radical que cambiaría las reglas hasta ahora vigentes. Por lo que la inversión privada sigue paralizada.

Lo que es importante para Moody’s y el índice de JP Morgan, que se reduzca el peligro de una moratoria, para el inversionista nacional es secundario frente al riesgo que corren sus empresas con reglas aún desconocidas.

De ahí que tres mediciones de riesgo, que aparentemente deberían coincidir, discrepen tanto.

 

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