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GUAYAQUIL Y LA ELECTRICIDAD

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

Son ya dos meses desde que escribimos en este espacio sobre el apagón en ciernes. Se está comprando a Colombia toda la energía eléctrica que se puede. El gobierno amagó con sancionar a los consumidores que hayan aumentado su consumo en el último año.

En días pasados, se criticó al Alcalde Nebot por impedir el acoderamiento de una barcaza en Puerto Hondo, bajo el argumento que la planta venía a dar electricidad a Guayaquil. El Alcalde replicó, correctamente, que las barcazas vienen a paliar el problema nacional, no sólo de Guayaquil, pero el impacto ambiental lo sufre solamente la ciudad. Insistió en que acoderen donde hagan menor daño. Manta fue más radical, e impidió que ninguna barcaza se conecte en esa ciudad.

Guayaquil paga un alto precio ambiental en aras del servicio eléctrico nacional. Según fuentes, las autoridades que en la década pasada contrataron la instalación de la planta de la Trinitaria, por ahorro mal concebido, eliminaron del contrato el filtro que hubiera reducido de manera considerable la contaminación.

Convendría que el Alcalde solicite al Fondo de Solidaridad (FS), dueño de la generadora, le informe con qué instalaciones de mitigación de daño ambiental cuenta esta planta.

El problema más grave de Guayaquil en lo eléctrico es el de la distribuidora. Por no ser propiedad del Estado, ni haber quien reclame, el FS le vende luz a Guayaquil a un precio superior al que transan entre sí las generadoras y distribuidoras de su propiedad, que son prácticamente todas las demás: una colusión para lucrar excesivamente a costa de Guayaquil.

Para servir a la ciudad hay que recurrir desproporcionadamente a la compra de energía a Colombia y las barcazas, que es la más cara. Quedamos como los mayores deudores, léanse ladrones, ante la opinión nacional. Pero no es porque paguemos tanto menos, sino porque se nos cobra tanto más. Sería que el Alcalde investigue si se justifica plantearle un juicio al FS.

La distribución eléctrica de Guayaquil amenaza colapsar. El Alcalde y varias instituciones de usuarios propusieron un mecanismo ágil para contratar una administradora internacional privada, que despolitice el manejo eléctrico: como bien dijo el Ministro de Energía Iván Rodríguez, que se haga para lo eléctrico algo así como lo que se ha hecho con el Banco del Pacífico. Conformar un organismo tipo Ecapag para lo eléctrico, que contrataría directamente a una operadora internacional, de un listado corto escogido por la CAF, para mayor transparencia.

Al proyecto se opone al sindicato de la ex Emelec. Desde su punto de vista, con razón, ya que una administradora privada se pararía firme ante sus extravagantes exigencias de remuneraciones y beneficios, y reduciría el exceso de personal.

Los trabajadores eléctricos se fueron al paro en oposición a la administración internacional; sus dirigentes hicieron llover improperios contra quienes propusieron la solución. El Presidente decidió que quienes decidan si se contrata o no una administradora internacional privada, sean los propios trabajadores, que son contrarios a la iniciativa. Ésta está muerta, sólo falta que se expida la partida de defunción.

Si en el transcurso de los próximos quince meses, la situación energética de Guayaquil colapsa, los dedos acusatorios apuntarán a Carondelet.

 




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