A CONSTRUIR DESARROLLO HUMANO
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
El planificador del gobierno entrante, Fánder Falconí, diagnosticó que “ha habido un déficit de construcción de desarrollo humano en el país”.
He ahí el meollo del problema.
El país ha gozado de importantes ingresos petroleros fiscales durante tres décadas y media, y es muy poco lo que tiene para mostrar a título de beneficios para el dueño del petróleo extraído: el pueblo.
El gobierno militar que asumió al inicio de la exportación petrolera aplicó a ultranza la sustitución de importaciones: dirigismo económico y fuerte inversión estatal.
A poco, el gasto estatal copó la riqueza petrolera, y no se había generado otra fuente importante de ingresos al país; el gobierno militar entregó el poder y se zafó del problema.
La situación le estalló al gobierno civil.
Posteriormente con Dahik Vicepresidente de la República, se adoptó la apertura económica que Latinoamérica estrenó a fines de los 80. Dahik fue destituido en 1995 y el proceso quedó trunco. Su destitución inició una cadena de destituciones de presidentes, reemplazados por interinos, lo que esperamos llegue a su fin en enero 15.
Se desmanteló un sistema de capitalismo de Estado, sin reemplazarlo por capitalismo privado. Salvo una que otra medida aislada, como la dolarización y la construcción del OCP, fue una década perdida: no hubo rumbo económico.
Ha crecido la economía, pero el bienestar popular va a la zaga.
La economía, en relación a la población, es casi idéntica a la de Colombia y Perú: este año los tres tenemos alrededor de $3.050 de PIB per capita. Pero mientras que en Colombia, el índice de desarrollo humano que elabora una dependencia de la Naciones Unidas (con datos del 2004) ubica a Colombia como 70 en el mundo, el Ecuador está en 83. Con menor desarrollo humano que Colombia y mayor que Ecuador están Tailandia, Ucrania, Líbano y China.
Perú y Ecuador están en posiciones virtualmente en PIB per capita y desarrollo humano. Pero según la ONU, con igual suma en dólares, no sólo el colombiano, sino también el peruano, tienen mayor poder adquisitivo.
Parte del problema es la mala calidad de los servicios públicos. Con lo que se invierte, el ecuatoriano debería tener mejores servicios educativos y de salud. El gobierno entrante promete destinar más fondos a estos objetivos, un acierto, pero no hay que olvidar la productividad. Dando y dando: maestros, enfermeras y médicos deben ganar mejor, pero los sistemas de educación y salud deben arrojar mejores resultados por dólar invertido. Los servidores públicos deben aceptar que tienen que rendir cuentas por su desempeño.
El mayor bono de desarrollo humano es conveniente como medida transitoria: es un impuesto a la renta negativo para favorecer a quienes no ganan suficiente para subsistir. Pero el objetivo debe ser superar la extrema pobreza.
Las nuevas autoridades deben velar por que su búsqueda de mayor desarrollo humano sea sustentable: que el gasto corriente, incluido subsidios, no rebase lo que la economía pueda sostener: el Ecuador no es Venezuela. De lo contrario corremos peligro de otra crisis.



