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ALINEARSE CON EL CAMBIO
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
En diálogo con cibernautas auspiciado por el Diario Hoy, el Vicepresidente Lenín Moreno explicó la política de reactivar la economía desde abajo, mediante subsidios y microcréditos.
Añadió: “las grandes empresas deberán proporcionar materia prima y maquinaria para que esas personas puedan desarrollar actividad productiva y eso favorecerá a las grandes empresas. Mal harían las grandes empresas en no apoyar”.
Así sintetiza el programa de gobierno presentado por el Presidente Correa en Guayaquil en días pasados.
El gobierno insiste en que no le interesa el crecimiento económico, sino que mejore el índice de desarrollo humano; y que el microcrédito crea más plazas de empleo por dólar invertido, que la gran empresa. Pero es un error pretender que el nivel de vida de la población va a poder mejorar sostenidamente prescindiendo de la gran inversión. O pretendiendo que la gran inversión se va a dar por el entusiasmo con los objetivos del gobierno, y no por señales claras.
Hay un límite en lo que se puede crecer en microcrédito. A mayor tasa de expansión del microcrédito, no solamente los mejores proyectos tendrían financiamiento, sino también los de segundo y tercer nivel. Eso es lo que es de esperar que suceda y es lo se da. La banca advierte que la cartera vencida de microcrédito está subiendo.
Es un excelente objetivo querer dinamizar la economía popular. Pero eso no es suficiente para atraer la inversión en las empresas medianas y grandes.
Los inversionistas, grandes y pequeños, sólo emprenden si piensan que el retorno potencial compensa el riesgo.
El plan está cojo, en cuanto a que no hay claridad al respecto de las reglas que gobernarán al desenvolvimiento de las empresas medianas y grandes. Sólo se sabe que habrá cambios importantes referentes al régimen actual. Y esta incertidumbre frena la inversión.
Coincidentalmente, César Robalino, Presidente de la ABPE declara que “las actividades económicas no están creciendo y las inversiones del sector privado se vienen desacelerando”.
Sin dinamismo en la gran empresa, no van a aumentar las exportaciones. Y sin el crecimiento de las exportaciones, hay un límite a la prosperidad que podemos llegar a alcanzar: el país necesita importar bienes de capital, insumos y otros bienes que no producimos, y todo eso requiere exportación. No somos Venezuela para pensar que el país pueda vivir del reciclaje indefinido de los petrodólares, o por exportar ciudadanos, como lamentablemente pasa hoy.
La economía venía creciendo halada por la expansión del consumo de hogares a un promedio de 6% anual desde la dolarización. Las empresas competitivas tenían en marcha proyectos de ampliación para poder atender su mercado; muchas los han parado, no por ningún afán de hacerle daño al gobierno, sino porque no saben a qué atenerse:
- Cuál es el alcance de la política de protección comercial, y si va a tornar factible ciertos productos que hoy no son competitivos;
- Si la política salarial va impulsar en alza a los salarios, lo que los puede sacar del mercado;
- Si va a haber control de precios;
- Si van a aumentar los impuestos.
Sin definiciones, sufrirá la inversión.