ANTE LA DEUDA EXTERNA
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
En su posesión, el Presidente Correa anunció una sensata política de endeudamiento: que el país sólo debería endeudarse cuando sea estrictamente indispensable, y que “los préstamos externos se usarán fundamentalmente para inversiones productivas que generen flujo de divisas para pagar los préstamos, mientras que los proyectos sociales se financiarían con recursos propios”.
El gobierno recibió, en diversos fondos petroleros, $1.324 millones, y este año debe acumularse otra cantidad respetable. Estando suficientemente financiados los proyectos de inversión, no se justifica ningún endeudamiento externo adicional.
Sin embargo, el Ministro de Economía ha anunciado se tomará un préstamo de $1.000 millones con Venezuela. Ni bien posesionado, el gobierno estaría incumpliendo su nueva regla de oro de endeudamiento externo.
Es difícil evitar concluir que el endeudamiento lo motiva la política de subsidios y aumento de otros gastos corrientes, los que, según lo enunciado por el Presidente Correa, deberían financiarse con recursos propios.
A la vez que nos endeudamos con Venezuela, prepagamos la deuda con el FMI, por no querer tener dependencia con ese organismo. Sería justo esperar que el Presidente Chávez, si vamos a desplazar la dependencia de Washington a Caracas, nos preste la plata a la misma tasa que lo hace el Fondo. En el 2005, el servicio de la deuda con el Fondo fue 2,7% del monto que le adeudamos.
¿Muy bajo? Entonces, a la tasa a la que nos prestan otros gobiernos. La carga de interés en la deuda con gobiernos en el 2005 fue de $101 millones, el 4,1%.
Pero se anuncia que las colocaciones de bonos a Caracas será al 7%, 2½ veces superior que al Fondo, 70% superior que con otros gobiernos.
2005, el último año para el que hay cifras definitivas, la deuda externa requirió $679 millones de pago de interés. Esto significó una carga promedio de 6,1% frente al saldo de la deuda de fines del 2004. La deuda con Venezuela nos costaría más que el promedio de la deuda total.
Lo que estaríamos planteando al gobierno venezolano no sería tanto que brinde ayuda a un país hermano necesitado con un crédito barato, sino más bien, brindándole la oportunidad de hacer un buen negocio.
A la vez que planteamos un nuevo endeudamiento con Venezuela, se anuncia a los tenedores de bonos que el país va a renegociar.
Las expectativas son que el 15 de febrero, que el Ecuador debe realizar un pago de intereses sobre los bonos globales 2030, no lo haga, se acoja al período de gracia de 30 días, y proponga a los acreedores el canje de los bonos actuales por otros en condiciones más blandas.
Difícilmente los acreedores aceptarán el canje, ya que la situación fiscal del país es bastante holgada. Este año los intereses de la deuda externa serán el 1,7% del tamaño de la economía, el nivel más bajo en más de dos décadas.
Al no haber acuerdo, iríamos a una moratoria. Lo cual impactará negativamente en las relaciones financieras internacionales del sector privado.
¿Ha hecho el gobierno un cálculo costo/beneficio de su política de endeudamiento externo?



