APERTURA
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
La contundente victoria de Alianza País en las urnas le otorga al Presidente y al núcleo central de su tendencia política, el mandato para introducir los profundos cambios en la organización social, política y económica del país, que ha venido anunciando desde los inicios de la campaña para la primera vuelta.
La otra cara de la medalla es que la medida en que las expectativas creadas no se cumplan, el gobierno no va a poder recurrir al argumento que el Congreso no le aprobó las leyes; que la oposición ha trabado su accionar.
La magnitud del triunfo sorprendió incluso a los dirigentes de Alianza País. Desde el domingo pasado, el Presidente no ha recurrido a fustigar a la oposición, ni a los “pelucones”.
Mas bien, han habido palabras para calmar los ánimos. Después de la elección, Rafael Correa hace un énfasis que antes no hacía, que el proceso ecuatoriano será muy distinto que el venezolano. Incluso Ricardo Patiño ha dicho que es una falacia que le vayan a quitar una propiedad a quienes tengan dos, o poner una familia o personas en los cuartos no ocupados de las casas.
El Presidente ha retomado su planteamiento de hace ya un mes, que dialogaría con los opositores, y con quienes no comparten sus tesis, únicamente una vez que haya triunfado, ya que lo contrario sería sometimiento. Lo cual tiene su lógica.
La concertación con sectores que no lo apoyaron en la campaña, le es indispensable. Su triunfo fue amplísimo en los 2/3 de la población con más bajos recursos, pero probablemente sólo logró una mayoría simple en el tercio de recursos más altos. Sus proclamas de socialismo del siglo XXI, ataques a prensa, banca, y posición antagónica a la dolarización (incompatible, en el mediano plazo, con su visión económica), ha llevado a un estancamiento de la inversión y del consumo personal y empresarial.
Para que la economía crezca y se facilite la redistribución de riqueza, se requiere una fuerte formación de capital (léase inversión). El Presidente y su grupo íntimo plantean un crecimiento de la inversión de 11,3% en 2007, el mejor resultado en más de una década, excepto durante el período de construcción del OCP. La inversión pública será vital para lograr dicho objetivo. Pero no basta. Se necesita inversión privada.
Los resultados de la medición económica que hace el Banco Central para el segundo trimestre del presente año, son un balde de agua fría. Comparando el segundo trimestre del año con el mismo trimestre de 2006, la inversión se ha contraído -1,9%. Vamos en camino de una recesión.
En cuanto al crecimiento económico, utilizando la misma medida, la economía se expandió 1,4%. No se trata sólo del petróleo. El PIB no petrolero crece 1,8%.
La economía se está frenando, porque los agentes económicos que antes tenían optimismo, hoy prefieren el compás de espera: qué mismo va a hacer el gobierno, qué va a plantear la Asamblea. El discurso electoral que generó tanto entusiasmo en el electorado, ha tornado sumamente cautos a productores y consumidores.
El clima de incertidumbre tiene que llegar a su fin.



