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CORREA, ESTADO Y MERCADO

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

 

Para entender las propuestas económicas del Presidente Correa y de su grupo más cercano de colaboradores, hay que tener una comprensión de lo medular de sus concepciones económicas.

Desde hace décadas, hemos escuchado a las autoridades económicas hablar de la economía de mercado. Pero para el Presidente Correa el mercado es una entelequia; no es más que una construcción política.

El mercado requiere precios. Para que haya ese mercado y esos precios, debe existir toda una estructura de derechos y obligaciones. Además, hay controles de precios, prohibiciones de importar, aranceles, impuestos y otras disposiciones que hacen que a fin de cuentas no haya precio alguno que esté libre de intervención política. El Estado es más importante que el mercado.

Desde este punto de vista, cuando se dice que se quiere “despolitizar la economía”, lo que se está diciendo es que hay que aceptar el status quo político-económico.

El Estado con su intervención en la economía, tan sólo aplica de manera más abierta lo que igualmente ya se hace de manera embozada en la economía de mercado. La intervención estatal, además, debe tener la intencionalidad de democratizar la política y la sociedad.

Esta concepción de la economía, capitalismo pero no de mercado, ha tenido su bastión en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, y el más conocido de sus teóricos es Maynard Keynes. Los conceptos arriba descritos son tomados del más reciente libro del profesor surcoreano Ha-Joon Chang, de la misma universidad.

Y esto, ¿cómo empata con el socialismo del siglo XXI? Heinz Dieterich, el profesor alemán de la Universidad Autónoma de México quien armó esta adaptación de Marx a la situación andina, que cautiva a Chávez, considera que la economía capitalista no de mercado es una etapa necesaria de transición en los países del tercer mundo, hasta que reúnan las condiciones para implantar el socialismo del siglo XXI.

Éste es un socialismo post-soviético, en el que no habrá mercado ni precios, y las cosas tendrán un valor de acuerdo al tiempo que tomó producirlas. Es una construcción teórica de académicos marxistas escoceses, que nunca pensaron que fuese un plan de acción para América Latina, y que creen que los avances en cibernética permiten la planificación central absoluta que no pudieron implantar los soviéticos.

Dieterich va más allá de lo que la mayor parte de los economistas de la escuela de Cambridge estarían dispuestos a ir. Propone que en ese período de transición, el gobierno debe atacar a las instituciones de la sociedad que considera son bastiones del enemigo:

“Los puntos de mayor concentración de masa, y por lo tanto, de mayor poder y peligro, de la burguesía derrotada electoralmente, son: sus Fuerzas Armadas; sus medios de comunicación nacionales; sus grandes capitales; la jerarquía eclesiástica; la superestructura jurídica, particularmente las corruptas y reaccionarias Cortes Suprema; la superestructura legislativa y sectores del ejecutivo civil; el control ideológico de determinadas clases sociales; los medios de comunicación internacionales; las corporaciones transnacionales, y los intereses del imperialismo estadounidense y europeo”.
No sabemos si el Presidente llega tan lejos en su adhesión al “socialismo del siglo XXI”.

 

 

 

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