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DEVENGAR EL BONO

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

Ni bien posesionado, en Septiembre 1998, Jamil Mahuad, en un infructuoso intento de evitar la crisis fiscal que arrasó con buena parte de la banca nacional, tomó severas medidas de ajuste. Para paliar los efectos de éstas sobre los más pobres, creó un subsidio directo de cien mil sucres mensuales (entonces, USD15 que serían hoy cerca de $20) a toda mujer con un hijo menor de edad con un ingreso anual inferior al millón de sucres, y un subsidio la mitad del anterior para los de la tercera edad.

El subsidio se presupuestó en USD 172 millones para 1999; hasta 2006 mantuvo aproximadamente el mismo costo, pero el Gobierno actual lo duplicó a USD30 mensuales para 2007; para 2008 se presupuestaron USD374.

En sus casi 10 años el subsidio ha cambiado de nombre múltiples veces, en pos de un apelativo más políticamente correcto; hoy se denomina Bono del Desarrollo Humano. Pero sigue siendo un subsidio.

No hay nada de malo que se pague este subsidio en la medida que se entregue a quienes realmente lo necesitan. Significa la reducción drástica de la extrema pobreza.

Pero estimula la informalidad laboral. Una madre trabajadora que gana el sueldo mínimo, si le pagan en efectivo fuera de rol, no sólo se ahorra el aporte al IESS sino que recibe el bono: USD 230, en lugar de USD 181.

Hay además el peligro que un gobierno cuyos poderes extraordinarios se asientan en la combinación de un elevadísimo índice de popularidad y el control de las calles con el MPD y Pachakútik, recurra una y otra vez a elevar fuertemente el subsidio para satisfacer la crecientes expectativas de sus seguidores, en particular si no se crea suficiente empleo.

Si se va a mantener el subsidio, y ante los peligros arriba mencionados, es necesario convertirlo en lo que dice ser pero no lo es: un bono de desarrollo humano.

Pregunto: mas allá de asegurar que no haya hogar en el país que por lo menos reciba $30 mensuales en efectivo, ¿en qué manera incide el bono en el desarrollo humano?

La madre de familia que percibe el bono debe devengarlo. Darle a la sociedad algo a cambio del dinero que recibe. Y lo que debe dar es criar a sus hijos de tal manera que tengan mejores posibilidades de salir adelante, de adultos.

El bono debe entregarse a través de un mecanismo que requiera de la madre mostrar que sus hijos han sido vacunados de acuerdo a los requerimientos del Ministerio de Salud. Que están enrolados en escuelas públicas y asisten regularmente. Que toda inasistencia pasado un límite razonable tenga la debida justificación médica.

El desarrollo humano debe contemplar una cobertura amplia e ininterrumpida del programa de colaciones escolares, programa que en el pasado ha sido esporádico.

Si los niños del 20% más pobre de la población se crían libres de enfermedades fácilmente prevenibles vía vacunación, tienen escolaridad y una alimentación –en la escuela- que cubre las necesidades mínimas de nutrición para su desarrollo físico y mental, entonces si podemos decir que el bono es digno de su nombre.


 



 



 


 

 

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