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DOLARIZACIÓN Y TLC
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
Si la no firma del TLC pone en peligro la dolarización, ha puesto en contrapunto a los ministros de Comercio Exterior y Economía. Illingworth asevera que podría derrumbarse sin el TLC; Diego Borja sale al paso con que es lo fiscal lo que prima, que la situación fiscal es muy fuerte: no se requiere el TLC para que se mantenga la dolarización.
Desde sus respectivos puntos de vista, ambos tienen la razón.
El Ministro Borja relieva que el talón de Aquiles de la dolarización es fiscal, pero que el país tiene una situación fiscal boyante, dado el alto precio del petróleo. El gobierno publicita que la reforma a la Ley de Hidrocarburos le generará $600 millones anuales al Estado.
Pero Illingworth tiene razón en cuanto a que a largo plazo se mantendrá la dolarización en la medida que las actividades productivas sean competitivas: que crezcan las exportaciones, que se tornen cada vez más complejas e incorporen más valor agregado (creen mejores empleos), o que en su defecto, el Ecuador traiga dólares de afuera por turismo, o mayores remesas.
Si el sector privado no gana productividad, la fortaleza fiscal dependerá exclusivamente del petróleo. Las perspectivas son que los ingresos petroleros vayan declinando a futuro. No tanto por menor precio, sino porque el volumen exportado va a disminuir.
Disminuirá por dos factores: un explosivo incremento de las ventas en el mercado interno, ya que el creciente subsidio invita al despilfarro y contrabando de combustibles; y una tendencia a la caída en la producción, ya que Petroecuador no invierte, y no se abren áreas a la inversión privada.
Para que el sector productivo pueda ganar en competitividad y vender más, tanto al exterior, como en nuestro país desplazando importaciones, se requieren reformas estructurales, del tipo que el Ecuador es renuente a adoptar.
En lugar de flexibilizar el Código del Trabajo, y abstenerse de encarecer el empleo por decreto, para que sea atractivo emplear en el Ecuador para exportar, estamos echando abajo la tercerización, y aumentando los salarios mínimos en 6,7% cuando la inflación ha sido del 3%.
Otra reforma necesaria es proveer energía eléctrica en calidad y cantidad adecuada, a precios competitivos. Y no, mala, no confiable y cara, como es el caso.
En esta estrategia de ganar competitividad, es clave tener acceso en las mejores condiciones posibles a los EE.UU., nuestro mejor mercado y el que nos compra de todo. Sin TLC, otros países que producen lo mismo entre ellos Colombia, Perú y los centroamericanos, van a entrar con arancel menor. Incluso para aquellos productos para los cuales tradicionalmente hemos sido buenos, sin TLC tendríamos que entrar a los EE.UU. en condiciones inferiores a nuestros competidores. Eso va a frenar el crecimiento de la producción ecuatoriana y a mediano plazo pesará para el mantenimiento de la dolarización.
En cuanto al futuro inmediato, Diego Borja tiene la razón. Hoy en día el petróleo nos da un enorme colchón. Pero con el entusiasmo que incrementamos los gastos corrientes, y extendemos subsidios, no nos va a durar muchos años.