EL FUTURO DE GUAYAQUIL
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
En sus aspectos urbanísticos, Guayaquil ha tenido un resurgimiento impresionante en la última década y media. Las administraciones de Febres Cordero y Nebot han dotado a Guayaquil de una administración local eficiente, cuando antes era un caos y foco de corrupción; ciudad limpia, lo que por muchos años sostuvo ser y no fue, pero ahora lo ha logrado con la concesión del aseo de calles. Dotación confiable del agua potable, asimismo, concesionada; y la regeneración urbana, cuya vitrina a todo el mundo, es el Malecón 2000.
Pero en lo económico, en esa década y media, se ha dado exactamente el fenómeno opuesto: la economía no es una sombra de lo que fue. Guayaquil era una ciudad fea, pero de gran dinamismo económico, ahora es una ciudad bella, pero de economía débil.
En los 70, Quito tuvo una estrategia de captar la inversión extranjera en industria, aprovechando la ley de fomento industrial. Perdimos nuestro predominio manufacturero.
Entonces teníamos el mejor servicio telefónico del país, con la Ericsson, y eléctrico, con Emelec. Perdimos ambos. La estatización privó a Guayaquil de una empresa telefónica local, y cuando la recuperamos, con Pacifictel, es un ente estatal deficiente. El populismo eléctrico quebró Emelec, y hoy sólo hay administración temporal.
La refinación del petróleo estaba en la península, y los combustibles iban de Guayaquil al interior hasta Quito por poliducto. La nueva infraestructura petrolera está concentrada en el norte del país.
En 1999, la crisis fiscal y bancario se llevó la mayor parte de nuestra banca y ya no somos centro financiero.
No está muy claro cuál es el futuro de nuestra ciudad. Nuestra producción agroindustrial no tiene financiamiento de desarrollo: la banca privada aprendió la lección que si no hay depósitos de largo plazo, no puede financiar el crecimiento.
El gobierno le acaba de dar las espaldas a la firma de un TLC con los EE.UU., lo que torna cuesta arriba el desarrollo de actividades vinculadas a la exportación, que ha sido el fuerte de Guayaquil.
El nuevo desarrollo urbanístico torna mucho más agradable visitar Guayaquil, y puede atraer turismo nacional, convirtiéndose en buen rubro de actividad económica; pero dudamos que sea suficiente para tornar a Guayaquil en ciudad de destino del turismo internacional, como Río o Buenos Aires.
Con el Presidente Palacio la economía del Ecuador retoma el sendero de crecimiento vía inversión estatal, y no privada. Eso asegura el futuro próximo de la actividad económica de Quito, como centro del Estado.
Manta con un muy bien trazado plan de prioridades, busca desplazar a Guayaquil como principal puerto del Ecuador.
Se busca la autonomía municipal, que facilitaría enormemente la tarea de administrar la ciudad, y dotarla de mejores servicios. Pero ¿acaso Guayaquil es viable, sin el simultáneo desarrollo de su región, la cuenca del Río Guayas y El Oro?
Debemos dejar atrás la desunión que caracteriza a los guayaquileños, y sumar esfuerzos, talento e iniciativa para delinear una estrategia que asegure el futuro de la ciudad, de la región que sirve y de cuya prosperidad se nutre, un conglomerado de 5 millones de ecuatorianos.



