ITT: SOLUCIÓN INTEGRAL
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
El martes, el Presidente de Petroecuador Carlos Pareja anunció que propondrá una licitación internacional para explotar el ITT en el Nororiente ecuatoriano. Le atrae la propuesta de una empresa china de operar conjuntamente: Petroecuador aportaría con el campo, Sinopec invertir $5 mil millones, e irían mitad-mitad.
Pero hay un largo camino por recorrer. El Ministro de Energía no tiene apuro, y busca una solución integral al proyecto petrolero.
En primer lugar, que la contratación sea inobjetable. Petroecuador quiere firmar una “alianza estratégica”, figura que permite un procedimiento menos riguroso de contratación en el caso de empresas estatales. Pero Sinopec, si bien es controlada por el Estado, tiene inversionistas privados. Igual cosa Petrobras, que también se contempla como socia.
Mediante decreto ejecutivo, se reformó el reglamento para que también se aplique la alianza estratégica a empresas mixtas. Pero el camino se torna más culebrero, ya que la alianza estratégica no es una modalidad contractual prevista en la Ley. Podría resultar imprudente ir por esa vía en un proyecto tan trascendente.
De superarse ese escollo, el Ministro busca que en el proyecto haya participación venezolana, y que contemple la construcción de una nueva refinería para crudo pesado, del ITT y venezolano, para exportar a Asia.
Antes que nada, tiene que decidirse si se procede o no con la explotación.
La primera T en ITT corresponde a Tiputini, campo de crudo pesado descubierto por una de las primeras compañías en buscar crudo en los 60.
Posteriormente Petroecuador profundizó la exploración en la zona, y encontró otros campos que en conjunto tienen las mayores reservas remanentes del país. Si el Ecuador va a tener un futuro petrolero, habrá que explotarlos.
Pero el ITT se encuentra distante del área de actividad petrolera. Queda en el Parque Nacional Yasuní, de importantísima biodiversidad, y donde habitan tribus aborígenes no contactadas que suman cientos de personas.
Ya en décadas pasadas se excluyó de una posible exploración el campo en el sector más crítico, Imuya.
El debate es entre dinero, que este gobierno estima le podría dar un muy bien uso, y ecología, dejando intocado al ITT.
Es fácil decir “no saquemos el petróleo”. Más daño que el petróleo, hacen los madereros, y hay nativos de la zona con menor conciencia ecológica que algunos de nuestros verdes, que aceptan la tala si la paga es buena. Tarde o temprano habrá los contactos con los aborígenes en aislamiento voluntario. Lo que abona al argumento que podría permitirse la explotación en la medida que se apliquen rigurosas técnicas de protección ambiental.
Pero por otra, hay que reconocer que la actividad petrolera implica mejor acceso, atrae colonos, y apresura el fin del aislamiento de la zona.
El Presidente pareciera favorecer la explotación, pero el Ministro de Energía ha conseguido que se abra la posibilidad que movimientos ecologistas recojan unos $350 millones anuales, una fracción de lo que sería la renta estatal del ITT, para compensar al Estado por la no explotación.
Hay que ver si el mundo acepta compensar al Ecuador, o si se espera que voluntariamente renunciemos a aprovechar esta riqueza.



