LAS LISTAS
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
El tiempo corre para las elecciones de asamblea constituyente, y aún no sabemos quiénes serán candidatos ni cómo se los va a elegir.
Esto último es crucial: el reglamento aceptado con la consulta dispone la representación proporcional para asignar escaños entre listas, y luego, los más votados de cada lista.
Como invariablemente entrarán asambleístas por residuos, la manera de repartir esos residuos incidirá en si se favorece a la mayoría o a las minorías.
Se anticipa que dada la gran aceptación del Presidente Correa, la lista oficialista ganará ampliamente; y que los partidos y otros movimientos sólo podrán lograr una representación decorosa si se favorece a las minorías.
¿Qué harán los integrantes del Tribunal Electoral que han apoyado todas las propuestas del Ejecutivo, pero que a su vez se pertenecen a partidos (ID, PRE y Socialista)? Suponemos que al menos uno de ellos votaría como le conviene a su partido, y con los del Prian, PSC y UDC, aprobarán un sistema favorable a las minorías.
Dada la alta votación que se espera por la lista oficialista, es de anticipar el Presidente buscará que la integren personas dispuestas a coordinarse con el Ejecutivo, y no con agrupaciones políticas que hoy coinciden con él, pero que mañana pueden discrepar. Se entiende que no se haya dado el acuerdo con Pachakútik para presentar listas comunes. El Presidente podrá decir a sus aliados coyunturales que presenten listas independientes, y capten las curules que toquen a las minorías.
Habrá que ver si el Presidente conforma sus listas únicamente con personas de su movimiento o las va a ampliar para incluir personas de tendencia de izquierda o incluso centro que el Presidente considere respetables.
Si lo primero, gracias al bajísimo requisito para aprobar normas constitucionales que impuso gracias a su mayoría en el TSE, tendría una constitución hecha a su medida; si la lista es más amplia, hay la ventana de oportunidad para que la asamblea produzca una constitución más representativa de los diversos sectores que componen la sociedad.
¿Y la oposición? El Presidente, hasta poco antes de las elecciones un desconocido para el amplio público, debe en buena parte su popularidad al haberse abanderado del rechazo a la vieja política. Lo que nos lleva a pensar que lo que le convendría a los partidos de oposición es no presentar candidatos propios, sino colaborar entre ellos en la conformación de una lista única de personas muy respetadas a nivel nacional (en el un caso) y provincial (en los otros), salidos de variados estamentos de la sociedad, y trabajar para que sus partidarios voten por esa lista.
Una lista de esta índole captaría gran parte del voto de oposición y de los indecisos: sería la segunda lista más votada, lograría una importante representación en la asamblea, y dada la respetabilidad y conocimientos de sus asambleístas, incidiría de manera importante en los textos constitucionales, incluso captando adhesiones de asambleístas salidos de las listas del oficialismo.
Pero eso requeriría de los partidos abandonar la vieja forma de hacer política; pedirle peras al olmo.



