Para acceder a Análisis Semanal, ingrese su usuario y clave.
Si no tiene una clave suscríbase ahora.
¿Olvidó su clave? Haga click aquí.

EL MURO
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
Estuve en Guatemala. El Petén queda al norte; una guía de sitios arqueológicos me indicó que en el vecino Belice los jóvenes holgazanean todo el día, pantalones bombachos largos, equipo de sonido al hombro, viviendo de las remesas, esperando el día que sus padres los manden a ver. Belice es étnica y culturalmente parte del Caribe anglófono.
Según una politóloga que trabaja para el gobierno en la capital con menores capturados al intentar cruzar ilegalmente la frontera de EE.UU., en Guatemala, para los jóvenes incluso de remotas aldeas mayas, es un rito de iniciación emigrar a los EE.UU., y lo intentan repetidamente.
Nada nuevo para los ecuatorianos, para quienes el peligro de emigrar es mayor: en buques no aptos, sobrecargados, en peligro de hundirse, vejados por la tripulación. Desembarcados en Guatemala, pasan a ser desvalijados y abusados por una mafia de ese país, que los traslada a la frontera mexicana, donde todo se repite.
El impacto social en Cañar, Azuay, y otros sectores del país con gran migración es similar al centroamericano: familias que viven de las remesas; niños que se crían sin padres, sin valores; aquellos que precisamente sus padres sí tuvieron cuando optaron por emigrar en pos de un futuro mejor.
En Centroamérica, las bandas juveniles se han convertido en peligro público. Sus integrantes en su mayor parte migraron con sus padres a EE.UU. de niños, no se asimilaron, constituyeron bandas allá, y fueron deportados.
Las bandas juveniles que hoy copan nuestros titulares, están afiliadas a similares de EE.UU.: tendríamos en ciernes, un problema similar al centroamericano.
La masiva migración ilegal también causa problemas en EE.UU. Desborda las posibilidades de incorporación a la economía. Si bien los patronos se benefician con mano de obra barata, los americanos pobres, usualmente hispánicos o negros, sufren por competencia desleal. Los gobiernos seccionales, a cargo de salud y educación, deben atender a una enorme población que no paga impuestos (por ser ilegales), y quienes si no reciben servicios, además de inhumano, se convertirían en un sub-proletariado.
La migración convertida en tradición no puede detenerse con un muro. El proyecto del congresista Tancredo es absurdo. Se le ha dado excesiva importancia en la prensa nacional: en todo Congreso hay legisladores excéntricos, que no concitan apoyo. Tancredo también amenazó a La Meca con la bomba atómica.
Más posibilidades de ser ley, y más sensata, es la propuesta del Presidente Bush, de admitir trabajadores temporales. EE.UU. podría abrirse a cierto número de emigrantes, para estadías de hasta seis años.
Sería migración sin costos ni peligros, con posibilidades excelentes de lograr empleo, acumular un pequeño capital, regresar al país y poner un negocio, aportando también las destrezas adquiridas. Las familias no se destrozarían, el país no perdería ciudadanos, la temporalidad aseguraría oportunidades para otros todos los años.
Adicionalmente se requerirían cambios a los cuales los americanos son renuentes: que el patrono tenga la obligación de verificar la validez de la documentación del aspirante no afiliado al seguro social. De lo contrario, continuará la inmigración ilegal.
Una solución sensata beneficia a todos.