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NOBEL POR MICROFINANZAS
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
En 1974, un profesor universitario de economía en Bangladesh, desesperado ante la hambruna que cobraba víctimas por millares, dejó de lado sus libros, buscó cómo ayudar a los pobres, y prestó $27 a un grupo de 42 campesinos.
El efecto multiplicador de esa pequeña suma superó con creces sus expectativas. Los campesinos iniciaron actividades como hacer banquetas de caña; con un pequeño capital pusieron a buen uso sus habilidades.
Dos años después, el profesor, Muhammad Yunus, fundó Grammen Bank. En estos treinta años, Grammen ha prestado $5.300 millones a 7 millones de clientes, en su mayoría grupos de mujeres. Arrancó la revolución del microcrédito, que le valió a Yunus el Premio Nóbel de la Paz de 2006.
Los entusiastas del microcrédito sostienen que se puede sacar a una familia de la extrema pobreza con una inversión de $200, incluyendo el monto a prestarse y el proporcional del costo del oficial de crédito. Si se calcula que hay 1.200 millones de personas en extrema pobreza en el mundo, la quinta parte de la humanidad, repartidos en 300 millones de familias, se podría superar la extrema pobreza con $60 mil millones.
No es subsidio: no hay que seguir asignando $200 millones cada año, sino que se trata de un monto que se va renovando, ya que el préstamo se paga. El costo es mínimo frente a los beneficios.
Éste es un cálculo bastante a mano alzada, y de conclusiones sumamente optimistas. Pero en su aspecto central, es válido: el microcrédito es socialmente muy rendidor.
El microcrédito tiene una vertiente comercial; los pobres son buenos pagadores; y otra asistencial; los créditos se pueden conceder a tasas subsidiadas con fondos donados. Los millonarios de la informática son importantes donantes.
En años recientes, particularmente después de la dolarización, crece de manera importante el microcrédito ofrecido por el sistema financiero. Al 30 de noviembre del 2006, últimas cifras disponibles, el sistema financiero había desembolsado $855 millones en micro-préstamos, un tercio más que un año atrás. El microcrédito creció más que el resto de las operaciones crediticias.
Hoy en el Ecuador hay bancos que operan principalmente en microcrédito; las cooperativas también desempeñan un papel importante.
El plan de gobierno de Alianza País incluye un muy ambicioso programa de microcrédito. Si bien no es de esperar que todos los planteamientos del plan se cumplan, en este campo es probable que se llenen expectativas ya que el Ministro de Economía es un pionero del microcrédito en el Ecuador.
Ricardo Patiño mantuvo en áreas marginales de Guayaquil un muy exitoso programa de microcrédito en los lineamientos establecidos por Yunus.
El proyecto de Alianza País busca fortalecer el fondo de microfinanzas, nutrido con dinero del bloque 15 (ex-OXY), creado por ley a fines del año pasado, para que transfiera fondos financieros a través del sistema nacional de cooperativas.
No está dirigido únicamente a ese segmento más pobre que necesita $200 de capital de trabajo. Se piensa otorgar créditos de hasta $5.000 a 5 años, y al 5% de interés para jóvenes emprendedores.
Una ventana de esperanza para tanto joven que busca ocupación productiva.