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OPORTUNIDAD MINERA
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
En los últimos tres años, el precio de numerosas materias primas, no sólo de petróleo, ha subido de manera espectacular. Detrás se encuentran importantes cambios en la economía mundial.
El surgimiento de China como gran centro manufacturero abarató los productos terminados (televisores, acondicionadores de aire), tornándolos accesibles a más consumidores; además amplió el mercado, ya que los dos gigantes asiáticos, China y la India, han sacado cientos de millones de personas de la extrema pobreza. La mayor demanda de esos bienes ha requerido mayor volumen de materias primas, halando los precios hacia arriba.
Esta situación ha generado un gran interés en las compañías mineras por yacimientos que antes tenían atractivo secundario.
Una de esas regiones que causa renovado interés, es el Ecuador. A juzgar por las informaciones disponibles, el Ecuador tiene un potencial de exportación minero comparable al petrolero, y similar a la de otros países andinos. Para Chile las exportaciones mineras no hidrocarburíferas son el 51% del total, para Perú 55%.
Este gobierno, que asume con ideas muy definidas sobre lo que quiere en prácticamente todas las actividades económicas, tiene preparado un plan de apoyo para pequeños mineros, que anunciará en abril 10.
Pero se encuentra con que en la gran minería, la situación lo toma por sorpresa: un número inusitado de solicitudes de concesión de áreas mineras, recrudecimiento de enfrentamientos entre mineros y ambientalistas, con comunidades divididas de por medio, y la herencia de una moratoria de actividades mineras, de cuestionada legalidad, dictada por las autoridades salientes.
Correa y su equipo no son proclives a tomar decisiones parche, sino radicales, y al momento no saber qué hacer para desmadejar el enredo minero.
Hemos repetido insistentemente que una característica central del gobierno es su tinte verde; pero también preconiza un fuerte gasto social, y le vendrían bien los ingresos fiscales que generaría la actividad minera.
La respuesta del gobierno ha sido llamar a un gran diálogo nacional. Si bien el diálogo es un camino apropiado para buscar una solución definitiva, la connotación del llamado es que en el corto plazo no se va a dar ninguna solución.
El riesgo es que para cuando se decida, quizás afirmativamente, que el país está dispuesto a una apertura minera, podría haberse producido una caída de los precios de los productos primarios, y por lo tanto el atractivo para los inversionistas potenciales pudiese ser no tan alto como hoy.
El país por décadas estuvo buscando atraer la inversión minera. Hoy, que tal logro está al alcance de la mano, podríamos estar dejando pasar la oportunidad.
Las minas se encuentran en todas las cordilleras; pero hay una particular concentración en El Cóndor. Zamora y Morona, junto a Loja, tienen pocas alternativas a la minería, para mejorar su nivel de desarrollo. No dar oportunidad al desarrollo minero es cerrarle una puerta a esta región del país.
El ingreso a la explotación las numerosas minas cupríferas y auríferas del Cóndor llevarán a una mayor integración del suroriente con Puerto Bolívar, la salida natural de la producción. Y a diversificar la economía nacional tanto por actividad, como por región aportante.