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SE ANUNCIA POLÍTICA INDUSTRIAL

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

Decíamos en estas páginas en mayo, que “es de esperar que el Presidente adopte una política industrial... que favorezca a actividades específicas, ganadoras”. Eso es lo que procede con la visión de economía política del gobierno: el mercado como institución al servicio de las políticas públicas.

Estábamos entonces en tiempos de campaña: después del plebiscito, y antes de la Asamblea; no había tiempo para diseñar una política económica.

Seguimos en campaña, ya que a mediados del año habrá que votar por la ratificación de la Constitución, aún por redactarse. Pero aparentemente el Presidente considera que va a poder desatenderse por algunos meses de la campaña política y declaró que a partir de enero se dedicará “básicamente a la producción y a estos sectores estratégicos, personalmente me involucraré a eso”.

Explicó que la gestión oficial tendrá que concentrarse en diez o doce productos ganadores, y deberá diseñarse una estrategia productiva de comercialización externa para propender al desarrollo de esas actividades.

¿Cuáles son? Aún no se han definido, pero se menciona flores, madera, turismo, construcción.

Una vez que se ha dado la espalda a un TLC con los EE.UU., se va a “mirar a los costados”, esto es hacia el Pacífico: China, Indonesia y la India, y hacia la Amazonía, con una población más fácilmente abastecible desde territorio nacional, que de los centros industrializados de Brasil, Perú o Colombia.

Un desafío importante que va a tener el gobierno es cómo tornar internacionalmente competitivas a las actividades escogidas, una vez que las políticas públicas en proceso de adopción, apuntan más hacia redistribuir el ingreso, que a mejorar el entorno productivo.

Este año el costo salarial mínimo sube 17,6%, dentro de un proceso cuatrienal, en que el incremento de costos laborales será 71%.

Eso acaba con las industrias fundamentadas en mano de obra barata, la estrategia que sigue China, y con la que se iniciaron Corea del Sur, Malasia, Taiwán, quienes tan sólo en una etapa ulterior migraron a actividades de mayor valor agregado y sueldos más altos.

Acordémonos que a principios de los 70, con el primer boom petrolero en que se construyó el Quito contemporáneo, hasta los túneles de la Capital emplearon mano de obra coreana, más barata que la nacional.

La confección, caballo de batalla de las economías que despegan, no es viable en estas condiciones salariales.

Con la flamante reforma tributaria, las empresas tienen que tributar a la renta aunque no generen utilidades, y sobre el endeudamiento externo, si éste es muy importante en relación al capital social.

Adiós a la estrategia de sacrificar rendimiento, para captar participación en el mercado: sólo caben industrias rentables desde los primeros días.

Una industria chocolatera integrada, destinada a captar mercado internacional, no podría ser rentable sino en un mediano plazo, y por lo tanto, los impuestos la hundirán.

En todo caso, es un signo positivo para la producción que el Presidente se proponga montar un andamiaje de políticas que atraigan inversión a actividades que se perciban como ganadoras.


 


 

 

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