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PRESIDENTE Y OPOSITOR

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

La semana pasada, se me preguntaba insistentemente cuál era la situación electoral. Tuve que confesar mi ignorancia.

Cinco semanas atrás, una vez conocidos los resultados de la primera vuelta, hice un ejercicio, a mano alzada, sobre cuáles serían los resultados de la segunda, de haber tenido lugar al día siguiente. Me daba un 55%-45% de votos válidos a favor de Noboa.

Las encuestas más reconocidas en el medio hicieron sus mediciones una semana después, y en promedio daban 59%-41% a favor de Noboa; las de fines de octubre arrojaban similar resultado. Luego de eso, como consecuencia de una desacertada ley que prohíbe la información, imperó la incertidumbre. Se entendía que Correa se había recuperado, pero Consultar, encuesta de Noboa, apuntaba a que éste mantenía una ventaja importante.

El miércoles 22, me llegó una encuesta identificada como de una subsidiaria de Zogby, una importantísima encuestadora de los EE.UU., que daba 56% para Noboa frente a 44% para Correa, lo que estaría corroborando lo que habíamos estimado inicialmente. No pude comprobar si la encuesta era fidedigna.

Pero hay otra manera de interpretar la situación en vísperas de la segunda vuelta. A mediados de noviembre comenzaron a circular rumores (porque las encuestas ya no eran publicables) que Rafael Correa había tenido una drástica recuperación, y que habría, en 15 días, reducido de 18 a 4 puntos la brecha que lo separaba con Noboa. En corrillos de gente informada se concedía gran credibilidad a este vuelco de la tendencia. De ser así, para noviembre 26, Correa debería haber pasado con amplitud a Noboa y ganado las elecciones cómodamente.

Y luego hay el tercer escenario: que Noboa bajó, pero la caída fue contenida, no tan drástica, y que los candidatos llegaban a la segunda vuelta, empatados.

Hoy lunes, cuando ustedes bondadosamente leen esta columna, se sabrá cuál de estos escenarios es el real.  Y ojalá sea o el primero o el segundo, pero en ningún caso el tercero.

Lo que menos necesita el país es incertidumbre política, y peor, que el candidato perdedor impugne los resultados.

He escuchado en los días previos a las elecciones a Rafael Correa denunciar que le robaron el equivalente a 4 puntos en la primera vuelta, que sostiene, habría ganado; impugnar a los  observadores internacionales, y solidarizarse con los planteamientos de López Obrador en México, quien rehúsa aceptar que perdió las elecciones, y se ha auto-posesionado presidente electo.

Hoy, el país pasa por un momento económico privilegiado: se han acumulado importantes fondos en cuentas del Estado, lo que le brinda al nuevo gobierno la oportunidad de poner en marcha un plan de gobierno sin primero plantearse cómo parar la olla.

Necesitamos un gobierno que descarte el revanchismo, aproveche la bonanza y concierte una estrategia de bienestar social y dinamización productiva; y una oposición que vigile que no haya abusos, que plantee sus alternativas de por qué su propuesta era la mejor, y que se prepare para ser nuevo gobierno de aquí a cuatro años, en lugar de conspirar para serlo en plazo más corto: Piñera, y no López Obrador.

 

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