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RETORNA POLÍTICA INDUSTRIAL

Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO

 

El Presidente Correa desconfía de los mercados; incluso ha bromeado que el mercado perfecto es como superman: ninguno de los dos existe.

En una economía de mercado, los distintos agentes económicos (que somos todos, como trabajadores y consumidores), tomamos decisiones de acuerdo a nuestra conveniencia; el conjunto de esas decisiones enrumba la economía vía movimientos de precios.

Hay cosas que no pueden dejarse solamente al mercado, las unas por consideraciones éticas, otras, económicas: las llamadas externalidades. De ahí la necesidad de regulación estatal.

Quienes desconfían en dejar solo al mercado, aunque regulado, para distribuir los bienes y servicios de la sociedad, recurren a la planificación.

En el caso extremo, la planificación estatal es obligatoria; pero el Presidente Correa propone hoy una planificación fortalecida frente a lo que ha sido en el pasado, pero sólo indicativa para el sector privado.

Se evidencia la dirección estatal en el transporte intercontinental: el gobierno planifica convertir a Manta y su entorno en el centro del comercio intercontinental, y de ahí su preferencia que las operaciones de comercio marítimo intercontinental se centren en Manta; que el aeropuerto de Manta sea el de la escala en los vuelos intercontinentales; que de allí salga la carga asiática vía Puerto Orellana al Brasil, y que en dicho sector se instale una gran refinería, que procese petróleo ecuatoriano y venezolano, con miras a la exportación al Asia.

Es de esperar que el Presidente adopte una política industrial. Lo que no significa que el gobierno establece políticas generales favorables a la industria, sino que favorezca a actividades específicas, “ganadoras”.

Un elemento de política industrial es lo que el Presidente llama “política comercial activa”: la selectividad en las importaciones. Ha indicado que en el país se importarán:

- bienes de capital, ya que el país no los produce, y los necesita para desarrollarse;

- los insumos que no se produzcan en el país para actividades, con lo cual habrá protección para los insumos que se producen en el país pero se facilitará la importación de los otros;

- productos terminados sólo si son necesarios y no se producen en el país; lo que implica una protección para la industria nacional que ha perdido espacio por la competencia de las importaciones.

Eso, en cuanto a lineamientos, pero hasta ahora no hay nada concreto sobre cuáles serán los sectores escogidos. Sólo hay ciertos indicios.

En primer lugar, su selección de Ministro de Industrias. El Ing. Raúl Sagasti está vinculado al sector industrial que más ha sido golpeado por la apertura económica: el metal-mecánico.

Una política industrial apuntaría, entre otras cosas, a fortalecer a ese sector industrial por considerarlo esencial para el desarrollo.

Por ejemplo, el Ministro de Energía, cuando se ha referido a la necesidad de la construcción de mini-centrales hidroeléctricas, ha indicado que lo ideal sería que esas centrales utilicen maquinarias nacionales.

Es de esperar que pronto haya otras definiciones sobre cuáles son las actividades productivas que el gobierno alentará, y cómo, y cuáles, por el tratamiento diferenciado, se verán desalentadas.

 

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