URGENTE INVERSIÓN ELÉCTRICA
Por WALTER SPURRIER BAQUERIZO
En el mes de enero, la demanda eléctrica nacional promedió 1.325 GWh, 8,3% más que en enero 2006; el crecimiento en el consumo eléctrico, tanto por el lado de la producción como por la ciudadanía, supera la expansión global de la economía.
En principio, ésta es una noticia que debería llenarnos de satisfacción, porque el consumo eléctrico puede asimilárselo a desarrollo y prosperidad.
Pero el país no ha realizado la inversión necesaria en generación. Vivimos un peligro permanente de apagones; importamos energía eléctrica de Colombia.
El problema radica en un incompleto traslado de la inversión eléctrica al sector privado a principios de los 90. Se desmanteló el ente estatal eléctrico, Inecel; pero hecho eso, los opositores a la apertura al sector privado lograron frenar las reformas que hubieran tornado la inversión privada atractiva, en particular transparentar el sistema de subsidios al consumidor: a la empresa distribuidora no se le reconoce la diferencia entre lo que cuesta la luz, y lo que puede cobrar.
Se mantuvo la distribución en manos de empresas públicas. Muchas, aunque no todas, manejadas sin criterio técnico, arrojan pérdidas y no pagan a las generadoras, lo que desestimuló la inversión.
Pero no le echemos toda la responsabilidad a los opositores; los partidos políticos que en principio estaban de acuerdo con la nueva orientación de la política eléctrica, carecieron de visión y se entramparon en rencillas políticas.
Hoy, los opositores a la privatización regresan al poder, luego de década y media de ausencia, lo que el Presidente Correa llama la larga noche neoliberal, y retoman la proactividad estatal en materia eléctrica.
El panorama energético, visto de manera integral, es bastante complejo y está por verse si las nuevas autoridades tendrán todas las herramientas políticas y económicas para solucionarlo.
En el ámbito de la generación se requiere sustancial inversión estatal directa, lo que concuerda con la filosofía del régimen, pero conclusión a la cual ya habían llegado las autoridades anteriores al no haberse superado los inconvenientes a la inversión privada.
Está por inaugurarse la central San Francisco, construida por Odebrecht, y se construye Mazar, en el Paute aguas arriba de la central Molino, piedra angular de la generación hidroeléctrica.
El gobierno deberá construir más proyectos hidroeléctricos. Se inclina por comenzar con la central Sopladora, una tercera etapa del proyecto Paute, aguas abajo de la central Molino.
Dado el enorme déficit de generación eléctrica, estos proyectos sólo permiten compensar el incremento en el consumo, o en el mejor de los casos, reducir en algo el déficit de generación; para superar el rezago, las autoridades se fijan en el Coca Codo-Sinclair, que según los estudios existentes, desarrollado a plenitud generaría más electricidad que Paute, y no estaría tan afectado por el estiaje.
Habrá que actualizar los estudios, que datan de la época de Inecel; hay proyectos alternos para la utilización del agua del Coca; hay que superar la afectación a la cascada San Rafael. Pero el gobierno tiene que poner pie en el acelerador para aprovechar lo antes posible el potencial hidroeléctrico del Coca y dejar atrás la larga noche de desgobierno energético.



